Los problemas de acceso a la vivienda asequible y la falta de oferta siguen dando de qué hablar. Es el caso de una familia residente en el municipio de Santa Eulària, con una madre de familia embarazada de siete meses, que vive una situación límite tras sufrir episodios de tensión y una presunta agresión física por parte de una pareja a la que realquilaban una habitación de su vivienda.
Los hechos se desencadenaron el pasado 24 de septiembre, tras meses de acumular malestar con la pareja a la que había subalquilado la habitación. Esta pareja vive subalquilada en el piso desde el pasado mes de febrero. La persona que les ha alquilado la habitación explica que desde febrero se están registrando problemas de convivencia, falta de higiene y actitudes incívicas, tales como realizar sus necesidades con la puerta abierta a sabiendas de que hay una menor conviviendo en el domicilio. Según relata la afectada, la gota que colmó el vaso se produjo la noche del pasado 24 de septiembre, cuando la pareja mantuvo una fuerte discusión a gritos que culminó con ambos saliendo a la calle.
Ante lo insostenible de la situación, la familia les exigió que abandonasen la habitación. Sin embargo, la respuesta por parte de los inquilinos fue tajante, negándose a marchar y asegurando que serían ellos quienes decidirían cuándo se irían. Pese a la gravedad del asunto, la familia trató de contener la situación al comprender la extrema dificultad de encontrar un nuevo alojamiento en plena temporada, estipulando una tregua hasta el mes de octubre para que abandonasen el piso de forma definitiva.
Una discusión que derivó en agresión
La tensión escaló rápidamente cuando los ánimos se calentaron en el interior de la vivienda. De acuerdo con el testimonio de la madre y el relato difundido por su hija a través de la red social TikTok, la joven intervino en la disputa para recriminarle a la pareja sus formas y proteger a su madre debido a su avanzado estado de gestación.
Fue en ese momento cuando, según denuncian, el hombre de la pareja agredió a la joven: la agarró del cuello y la arrojó al suelo, haciendo que sus gafas salieran volando por los aires, una agresión que tuvo que ser frenada por el padre de familia para evitar males mayores, siendo este también agredido por el perpetrador. Tras los altercados, la madre tuvo que ser atendida en un centro hospitalario, donde se le emitió un preceptivo parte de lesiones al haber recibido un empujón, y los hechos fueron formalmente denunciados ante la Guardia Civil. Asimismo, a su vez, ahora en estos últimos días la pareja ha denunciado a la familia, incluyendo a la niña de 15 años, como agresores.
La familia relata que la convivencia actual es prácticamente inexistente y «profundamente angustiante». Desde lo ocurrido, la madre evita entrar en la cocina o coincidir con los inquilinos.
Asimismo, el miedo a que la pareja cambie la cerradura de la puerta ha provocado que los miembros de la unidad familiar extremen las precauciones, de modo que nunca abandonan los tres el domicilio a la vez, dejando siempre a alguien vigilando la vivienda.
La propiedad
La afectada señala que pagan un alquiler de alrededor de 2.500 euros mensuales por la vivienda y que subalquilan, según afirman con el conocimiento y consentimiento de la propiedad del piso, una de las habitaciones por 850 euros para poder hacer frente a los elevados costes de la vida en la isla.
En este punto es preciso destacar que la inquilina ha subalquilado la habitación a la pareja mediante un acuerdo verbal, sin contrato de por medio, y se desconoce si la propietaria del piso es conocedora del subarriendo del domicilio.
Ante la lentitud de los cauces legales, el abogado que asesora a la familia inquilina ha recomendado intentar la vía de la negociación, advirtiendo que un procedimiento judicial por estos cauces puede demorarse considerablemente.
La madre, visiblemente desesperada y sin saber bien qué hacer ni cómo proceder, resume el calvario que atraviesa con crudeza: «Lo más duro es sentir impotencia por estar en mi propia casa, una casa por la que yo he trabajado y he reunido mucho dinero y ahora yo me tengo que callar».
La afectada, que reconoce haberse sentido inicialmente esperanzada por la empatía mostrada por la agente de policía encargada del caso, lamenta los largos plazos administrativos y policiales y se pregunta con angustia: «¿Qué esperan? ¿Más desgracias? ¿Tiene que haber sangre?».
En breve estos precios solo estarán al alcance de un perfil de inquilinos que va en aumento... Sus estándares de vivienda, requisitos y mínimos están a años luz de lo que hemos conocido. Pagar 2 o 3 mil entre 3 parejas no es descabellado, suelen ser trabajadores en sector servicios, bien remunerados y que habitualmente mantienen una convivencia llevadera. Otro tema es el desgaste del inmueble y sobrecarga vecinal o de las zonas comunes en proporción a la cuota que aporta el inmueble. Pero vamos que familias convencionales autóctonas se vayan olvidando de aquí a nada de vivir de alquiler en los puntos cardinales Madrid, Barcelona, Ibiza, Palma, Valencia, etc. Los políticos de esto ni se han enterado todavía, están concentrados en Maricarmen y no han visto la que se viene.