Miguel Luengo |PARÍS
«Está en juego una semifinales de Roland Garros», dijo Toni Nadal, entrenador de Rafael Nadal, ante la envergadura que supone el enfrentamiento de hoy, en París, entre dos campeones de este torneo, su sobrino y Carlos Moyá, amigos entrañables, pero dispuestos a salir con el cuchillo entre los dientes por la victoria.
Nadal lidera los enfrentamientos por 3-2, con el reflejo del último triunfo en Roma en 2006, pero el de hoy es un duelo especial, con tintes psicológicos, emocionales y afectivos entre un joven de 21 años, Rafa, dispuesto a comerse el mundo, y un maduro de 30 todavía con tenis en su cuerpo. «Me da igual lo que sean, que se entrenen juntos y sean amigos. Hay pendiente una semifinal en París», sentenció Toni.
Toni tiene claro que el punto flaco de Moyá es su revés, mucho más frágil que su potente derecha y un servicio que hace estragos cuando penetra furtivamente. «Hay que atacarle ahí», dijo, pero abunda en los aspectos psicológicos del duelo. «Ser tan conocidos facilita más las cosas a Moyá. A diferencia de antes, cuando Rafa estaba abajo en el ránking y Carlos figuraba entre los cinco primeros», dijo.