Más que tres puntos. Mucho más. La UD Ibiza está obligada a mirarse al espejo y decidir quién quiere ser en este tramo final de temporada. Siete jornadas por delante, siete finales. Ocho puntos separan a los celestes de un sueño que empieza a desvanecerse entre dudas, urgencias y la amenaza cada vez más real de mirar hacia abajo. No en vano, tras los partidos de ayer, está sólo un punto por encima del descenso. Por eso, el duelo ante el Juventud de Torremolinos (Can Misses, 12.00 horas) es tan importante.
Si el playoff parece un horizonte lejano, el abismo, en cambio, está demasiado cerca. Un tropiezo ante los malagueños no sólo apagaría por completo la llama del ascenso, sino que empujaría a los ibicencos hacia una batalla mucho más incómoda: la de sobrevivir. En ese filo se mueve un equipo que necesita reaccionar ya, sin excusas, hoy.
El duelo enfrenta a dos equipos separados por apenas un punto, dos escuadras que sienten el aliento del peligro en la nuca y que saltarán al césped con la urgencia de quien sabe que cada error puede ser definitivo. Para los andaluces, ganar es acercarse a la salvación. Para la Udé, es eso y mucho más: aferrarse a la fe y negarse a rendirse antes de tiempo en la batalla por el playoff.
Miguel Álvarez no esconde la realidad, pero tampoco renuncia al desafío. Cree. Cree de verdad. Pero exige hechos. «Hay que ganar los siete partidos, pero hay que ganar el primero», sentencia, como quien sabe que las palabras ya no bastan. Es momento de demostrar y dar un paso al frente.
Y es que los números no acompañan. Cuatro jornadas consecutivas sin ganar han encendido todas las alarmas. Derrotas ante Marbella y Eldense y empates frente a Alcorcón y Algeciras. La Udé está pagando caro su falta de pegada. El técnico celeste reclama «más ambición ofensiva, más área, más hincar el diente cuando llegamos». «Nos falta competir más en cosas que en esta categoría son vitales, y tenemos que ser más agresivos ofensivamente. No se trata de tener más o menos delanteros, sino de ser agresivos», expuso.
La buena noticia es que no hay excusas. Todos están disponibles. Todas las armas, listas. Ahora toca utilizarlas. Fran Castillo, suplente la semana pasada, podría volver a escena y con él, quizá, una chispa diferente a la mostrada la jornada anterior en las tablas contra el Algeciras.
Enfrente, un Juventud de Torremolinos herido, con entrenador nuevo y la incertidumbre propia de los cambios urgentes. Carlos Alós reemplazó el jueves a Antonio Calderón en el banquillo. El cambio de míster no preocupa a Álvarez, que espera un rival similar al que tienen estudiado: «El entrenador ha llegado con pocos días. Querrá cambiar alguna cosa, pero, por experiencia, creo que no será mucho. Cuando tú llegas a un equipo y está tan cerca la competición, no creo que cambies muchísimas cosas, pero sí es verdad que algunas cambiarán y entonces nos tendremos que adaptar».
Hoy, Can Misses no acoge un partido más. Hoy es un examen sobre su futuro. Mantener el sueño del playoff de ascenso, que parece más bien una utopía, o verse obligado a pelear por la salvación. Eso es lo que el cuadro ibicenco dirime hoy en Can Misses.