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Gómez Bastida: «La gente sigue haciendo trampas»

Foto: Redacción Deportes

| Ibiza |

Enrique Gómez Bastida (Cartagena, 1977) es teniente coronel de la Guardia Civil y una de las figuras más determinantes en la historia de la lucha contra el dopaje en España. Tras liderar en 2006 la célebre Operación Puerto como teniente de la UCO, pasó a dirigir la Agencia Española Antidopaje (AEPSAD) entre 2014 y 2017, y posteriormente ejerció como jefe de gabinete de la Secretaría de Estado de Turismo (2023-2024). Su vinculación con Ibiza comenzó en diciembre de 2017 al asumir la jefatura de la Compañía de la Guardia Civil, isla a la que regresó en noviembre de 2024 como actual director insular de Lucha contra el Intrusismo en el Consell de Ibiza. Veinte años después de la Operación Puerto atiende a Periódico de Ibiza y Formentera.

—Si cerramos los ojos y volvemos al 23 de mayo de 2006, ¿qué es lo primero que le viene a la mente de los registros en los laboratorios de Eufemiano Fuentes?

—Pues, realmente lo que me viene de aquel día es más la espera que lo que es la propia operación en sí. Realmente los nervios en ese momento de saber si seré capaz de encontrar las evidencias que perseguíamos, que eran medicamentos y productos sanitarios, manipulación sanguínea y bolsas de sangre. Pero no sabíamos a qué volumen nos podíamos estar enfrentando.

—Ustedes partían de la base de investigar un delito contra la salud pública y el tráfico de medicamentos. ¿En qué momento exacto se dieron cuenta de que se enfrentaban a una red sistemática y global de manipulación de sangre?

—Fuimos conscientes en el momento del periodo de intervenciones telefónicas. Ahí lo fuimos de una forma significativa y clara, y luego eso se reforzó a la hora de encontrar las evidencias documentales de que alrededor de Eufemiano Fuentes lo que se estaba gestando era que un médico ajeno a cualquier estructura deportiva controlaba el rendimiento deportivo mediante sustancias dopantes de todos los candidatos a ganar el Tour de aquel año, el año 2006, ¿no? Y por tanto, era dueño de los resultados de esa competición.

—El ciclismo fue el que pagó el pato. Pero el propio Eufemiano habló de que había futbolistas, atletas, boxeadores… Había muchas bolsas de sangre… muchos apodos y nombres… ¿Le frustra que la justicia penal y las federaciones mirasen hacia otro lado? ¿Nos pudo el miedo a destruir nuestros propios mitos deportivos?

—Bueno, ningún tipo de sentimiento de frustración. En todo caso, si ese sentimiento pudiese existir, sería más por el tiempo que ha pasado sin casos de dopaje y que el vigésimo aniversario de la Operación Puerto venga motivado principalmente porque es el único gran caso, ¿no? Y de hecho, a nivel internacional, después del caso de dopaje de Estado de Rusia, el dopaje ha desaparecido prácticamente tanto de la opinión pública como de la opinión publicada, incluso en el ámbito deportivo.

—A nivel personal, sufrió una importante presión. No solo política o mediática, sino también judicial. Las defensas de los acusados intentaron anular la investigación atacando directamente su trabajo, e incluso se llegó a pedir su imputación penal acusando a la UCO de manipular las pruebas.

—Bueno, la presión personal siempre existe cuando tienes la suerte de ser instructor de una operación policial pues que tiene realmente un calado y trascendencia, ¿no? Me pasó en ese grupo, en la sección de Consumo y Medio Ambiente, que era como se llamaba en 2006; me pasó después de capitán en la Sección de Delitos contra las Personas de la UCO, y me pasó después como director de la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte, que era como se llamaba la agencia antidopaje. Es una presión con la que uno convive cuando tienes un puesto de responsabilidad y tienes que naturalizarla. Así que ningún tipo de presión; es lo normal en cualquier puesto de responsabilidad.

—Al final la Operación Puerto sacudió y cambió el deporte español. Desde entonces, ¿cómo cree que ha cambiado la lucha contra el dopaje?

—¿En qué ha cambiado? En que no existe. Dime algún positivo de renombre a nivel internacional desde el año 2017. La de Simona Halep fue la última sanción dura. Desde entonces no ha vuelto a haber ninguna sanción a un deportista de renombre internacional que cumpla la normativa internacional establecida en el código mundial antidopaje. Todas han sido reducidas fuera de la normativa aplicable.

—Por eso mismo le quería preguntar. Últimamente vemos casos de alto perfil resueltos con sanciones mínimas o absoluciones por fallos de procedimiento. El ejemplo más claro es Jannik Sinner.

—Correcto, no se conoce ningún gran caso de dopaje desde el año 2017.

—Por lo que me dice, doy por hecho que piensa que siguen existiendo redes y entramados como aquellos. Al final la medicina y la tecnología avanzan tanto para lo bueno como para lo malo…

—Te hago la pregunta al revés. ¿Qué pasa? ¿Que hemos sido yo y la agencia norteamericana, con el caso Armstrong —en el que también tuve la suerte de participar—, los que hemos encontrado los dos únicos grandes casos organizados? Yo soy aficionado al fútbol y siempre me ha gustado mucho el fútbol italiano, aunque ahora está en crisis. Siempre se dice que el fútbol italiano prioriza el resultado. Pues las políticas públicas, y la política antidopaje lo es, se deben juzgar por los resultados. Al igual que se me juzgó a mí. ¿La gente sigue haciendo trampas en el día a día? Pues ahora seguirá habiendo dopaje como lo ha habido siempre. Lo que cambia es quién vigila, lo que se vigila y cómo se persigue.

—Esta operación cambió el rumbo de su carrera profesional de forma radical. ¿Volvería a ponerse al frente de aquel grupo de investigación si pudiera viajar en el tiempo? ¿Cambiaría algo?

—Bueno, lógicamente yo me pondría al frente, pero no de un grupo de investigación que tuviese el mismo nombre e hiciese las mismas tareas. Me pondría al frente del grupo de investigación que estaba compuesto por aquellos guardias. Con aquel grupo yo me iría a investigar antidopaje, a investigar homicidios o a donde hiciese falta. En cuanto a qué cambiaría: es importante entender que nosotros fuimos una policía judicial en un momento en el que la Guardia Civil, la Unidad Central Operativa concretamente, no tenía una política de comunicación continua. La comunicación institucional era muy diferente. Eso a la hora de explicar las cosas, la colaboración y lo que a día de hoy es transparencia… Si en vez de hacer actas escritas hubiésemos hecho grabaciones en vídeo de cada una de las cosas que se cogieron… También si hubiésemos sido menos proactivos en la colaboración con las autoridades deportivas y hubiésemos esperado a que cada una de las partes se presentase en el juzgado, a pesar del perjuicio que hubiésemos creado a las competiciones deportivas, pues probablemente hubiésemos tenido menos problemas en lo que fue la instrucción.

—Su trabajo actual en Ibiza se centra en combatir el intrusismo turístico y la competencia desleal de las viviendas ilegales. Salvando las distancias obvias, ¿encuentra paralelismos entre perseguir las trampas en el deporte y perseguir el fraude en el sector turístico?

—No. Ninguno. El deporte es un mundo diferente. El deporte no es solo deporte; hay muchos intereses que están detrás.

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