Jordi Grimau Gragera (Barcelona, 17/06/1983) vive con nerviosismo los días previos al partido de vuelta de la final del playoff de ascenso a Primera FEB, en la que el Class Sant Antoni debe remontar 19 puntos. El director deportivo se muestra confiado, aunque sabe que no será sencillo, y destaca el gran ambiente que se vivirá en Sa Pedrera, donde por primera vez se superarán los 2.000 espectadores en un pabellón ibicenco.
—Por tercer año consecutivo el Sant Antoni está en el partido decisivo y otra vez toca remontar.
—Pues sí. Estamos en una situación que ya hemos vivido antes, más por desgracia que por suerte. Pero también tiene ese punto positivo de reconocer que jugar este partido significa que seguimos vivos en el objetivo que nos marcamos al principio de temporada, que no era otro que llegar al partido final con opciones de ascender. Seguramente no afrontamos el inicio del encuentro con la sensación de tranquilidad de un partido normal, sobre todo por esa pequeña rémora de lo que vivimos en Sevilla. Pero, al mismo tiempo, tenemos la ilusión de pensar que esto ya lo hemos hecho muchas veces esta temporada, especialmente aquí en casa, donde hemos ganado muchos partidos por más de 19 puntos. Tenemos ilusión. Tenemos ganas. El único objetivo es luchar hasta el último balón. Es lo único que les he pedido a los jugadores y al staff: asumir el resultado del otro día sin reproches, pero exigiéndonos pelear hasta el final. Esa es nuestra seña de identidad.
—19 puntos son muchos.
— Sí, son muchos. El año pasado eran más y estuvimos a 20 segundos de ascender. Esto no son ciencias exactas. Hay que asumir que es muy difícil, pero lo hemos hecho muchas veces y creo que este es un escenario donde pueden ocurrir cosas un poco extraordinarias. También lo será vivir seguramente la mayor entrada registrada en un espectáculo de sala o en un pabellón en la historia de la isla. Dudo que se hayan dado aforos de más de 2.000 personas en un partido.
—Eso le iba a decir. 2.000 personas en Sa Pedrera es una barbaridad.
—Una locura. Me transporta a hace muy pocos años, cuando 300 personas nos parecían muchas. Estas cosas también permiten ver el camino que hemos recorrido. Más allá del resultado, que dictaminará si la temporada ha sido muy buena o no tan buena, me parecería injusto decir que ha sido mala pase lo que pase. Pararse a pensar que antes 300 personas eran muchas y ver lo que estamos gestionando ahora, con un ‘sold out’ desde hace días, abonados y listas de espera enormes, creo que es un éxito rotundo.
—¿Qué me puede decir de un rival como Caja 87?
—El mejor equipo que ha pasado por aquí este año, sin duda. Es un proyecto de una envergadura grande, que huele a historia del baloncesto español. Estuvimos allí la semana pasada y lo vimos. Es un muy buen proyecto, con esa ancla del pasado de Caja San Fernando y Cajasol, recuperando la esencia del baloncesto en Sevilla. Es un proyecto que huele a algo más que Segunda FEB. Aun así, podemos competir, sabemos que podemos remontar y vamos a intentarlo.
—Hace no mucho estaba en el vestuario, ahora en la oficina. ¿Dónde se sufre más?
—Fuera del vestuario se sufre mucho más. Desde fuera no puedes hacer otra cosa más que mirar y ayudar a gestionar esos momentos. Son situaciones de mucha tensión y nervios, y no tienes ningún botón que puedas pulsar para ayudar o cambiar las cosas. Para mí, resulta mucho más tensa la situación fuera del campo que cuando estaba en la pista.
—Hablaba antes del balance de la temporada. ¿Qué nota le pondría a este año?
—Si subimos, el 10 sería evidente porque el entorno así lo entenderá. Pero a mí, en la evaluación profesional, me sabría mal no poner al menos un nueve aunque perdamos. Ha sido el año de más trabajo, más dedicación y más profesionalidad. El crecimiento ha sido grande y sería injusto poner una nota más baja porque todo el mundo ha trabajado mucho a lo largo de la temporada.
—Un mensaje para la afición que va a estar aquí con ustedes.
—Que vengan, esto va a ser un trocito de historia del deporte de Ibiza. Siempre parece que llegamos al techo, pero siempre hay un pasito más. Ver el pabellón lleno es un éxito para todos, para el deporte en la isla y para Sant Antoni. Si en algún sitio es posible, es aquí, en la Villa de Portmany.