Que el arranque de la UD Ibiza está lejos de lo esperado no lo va a descubrir nadie. Seis puntos de 15 posibles es un botín demasiado pobre para un equipo confeccionado con un objetivo claro: pelear por el ascenso a Segunda División. La temporada apenas ha echado a andar, pero el conjunto celeste ya juega con fuego. Y ahora, cuando más necesita una reacción, aparece en el horizonte un desafío mayúsculo: el líder, el Villarreal B. Un partido que puede agravar las dudas o marcar un punto de inflexión.
El conjunto de Raúl Llona encajó su tercera derrota en cinco jornadas el pasado fin de semana. El 0-2 ante el Real Zaragoza supuso, además, la pérdida de los primeros puntos en el Can Misses, hasta entonces un refugio para los unionistas. Allí habían llegado sus dos únicas victorias: la primera frente al Rayo Majadahonda (2-1), con gol de Mazeya en el descuento, y la segunda contra el Sant Andreu (2-0).
Pero el golpe del Zaragoza fue diferente. El 0-2 del pasado viernes dejó al descubierto unas heridas que van más allá de una derrota puntual. Es cierto que la posibilidad de perder ante un recién descendido de Segunda, también construido para regresar a la categoría de plata, entraba dentro de las quinielas. El problema está en el camino recorrido hasta ahora: los números no acompañan y, sobre todo, la imagen futbolística tampoco termina de convencer. El fútbol de la Udé todavía está lejos de las expectativas que rodeaban al equipo en el inicio de curso.
Adaptación
Y tampoco existe todavía una fecha concreta para esperar la mejor versión del conjunto celeste. En la rueda de prensa del pasado viernes, Raúl Llona fue claro cuando se le preguntó cuánto tiempo necesitaba para acoplar a sus jugadores y plasmar sus ideas sobre el terreno de juego: «No te puedo decir. No lo sé, porque ten en cuenta que somos todos nuevos […]. Es un equipo completamente nuevo. Esto es ir trabajando en el día a día. Creo que los conceptos cada vez se van asimilando mejor. Una cosa es en el día a día entre semana y otra es la competición, donde ya tienes un rival que te presenta diferentes comportamientos y tú tienes que dar respuesta. No te sé decir en qué momento voy a poder venir y decir que mi equipo ya está trabajado, completamente compenetrado y ahora ya nos echas cualquier cosa y estamos preparados. Sé que estamos en el camino y mejorando».
El problema es que el calendario no espera. Tampoco entiende de procesos de adaptación. Hablar de finales a estas alturas resulta inconcebible, incluso ilógico, pero el duelo de este domingo tiene algunos tintes de final. Nadie quiere imaginar un cuarto revés en seis jornadas, pero la empresa no será sencilla. La UD Ibiza visita la Ciudad Deportiva José Manuel Llaneza (12.00 horas) para medirse al líder, un Villarreal B que llega lanzado y dispuesto a poner todavía más presión sobre los ibicencos.
El filial amarillo ha comenzado la temporada como un tiro. Está invicto y suma 13 puntos de 15 posibles. Ha derrotado al Rayo Majadahonda (1-2), al Algeciras (2-1), al Huesca (0-3) y al Atlético Madrileño (1-3), mientras que únicamente el Antequera (2-2) ha conseguido arrancarle puntos. Además, es el equipo más goleador de la categoría, con 12 tantos, y también presenta la mejor diferencia de goles (+7).
El contraste es evidente. Mientras el Villarreal B llega al duelo instalado en lo más alto y con la confianza disparada, la Udé aterriza en su feudo obligada a responder. No sólo con un resultado, sino también con una imagen capaz de despejar las dudas que han aparecido demasiado pronto.
Después del líder llegará otro filial. El equipo celeste recibirá al Real Madrid Castilla, que suma un punto menos que los celestes, el viernes 9 por la noche en Can Misses. Dos partidos, dos filiales y un margen de error que empieza a estrecharse. La temporada todavía es larga. Queda muchísimo camino por recorrer y sería precipitado convertir cinco jornadas en una sentencia. Pero el fútbol también entiende de inercias. La UD Ibiza necesita romper la suya antes de que vaya a más. Todavía está a tiempo de apagar el fuego.