Jonás Souto Comino (08-12-2001) se convirtió el lunes en campeón del mundo por parejas representando a España en Indonesia. El billarista ibicenco suma ya dos oros mundiales, pero no se conforma y seguirá dándolo todo para ampliar un palmarés brillante.
—Le han recibido por todo lo alto en su club. ¿No se lo esperaba?
—No. De hecho, siempre me recoge un amigo en el aeropuerto. Me habían dicho que pasara por Ilusions Pool a saludar antes de ir a casa. Luego, pasó lo que pasó. Me engañaron (risas). Fue una sorpresa impresionante para mí.
—Ser campeón del mundo no lo puede decir cualquiera. ¿Qué sensación tiene?
—Bueno, pues estoy muy contento porque al fin y al cabo son muchos viajes y muchas competiciones a lo largo del año. Hay mucho sacrificio y muchas horas de entrenamiento detrás que no se ven desde fuera. Cansa estar mucho tiempo fuera de casa, pero creo que estos dos últimos meses que he estado justamente compitiendo fuera han valido la pena. Hubo buenos resultados aparte del Campeonato del Mundo, pero sí que es verdad que el Mundial ha sido la guinda del pastel.
—Ya tenía un título mundial individual en categoría junior, obtenido en 2019. Ahora llega el segundo, que es por parejas en categoría absoluta. ¿Con cuál se queda?
—No puedo elegir. Al fin y al cabo, cada uno tiene un trasfondo, una ilusión y una historia detrás. En el Campeonato del Mundo sub-19 era un niño, por así decirlo, y la ilusión era muy grande. Este ha sido la ilusión también de que formas parte de un equipo. Luchamos todos a una y siempre me hace mucha ilusión jugar en equipos y remar todos juntos, confiando unos en los otros. Es una experiencia totalmente distinta, pero las dos son muy bonitas. Si tuviera que elegir un Mundial de los dos, a lo mejor por un poquito de diferencia me quedo con el de ahora.
—¿Confiaba en que España ganaría el título?
—Sí. Tenemos un equipazo. Aparte de la manera de enfocar todos los partidos, de jugar y de comunicarnos, la verdad es que creo que el equipo lo hizo todo perfecto. En España tenemos un equipazo. Fran Sánchez, que jugó todos los partidos, es el actual campeón del US Open y número 2 del ranking mundial. Es una persona que está en su mejor nivel. David Alcaide tiene mucha experiencia. Lleva jugando profesionalmente 25 años, ha ganado muchísimos torneos y en citas así sabes que va a ayudar a tomar buenas decisiones. Yo soy el más joven del equipo y tengo la ilusión, el carácter y la motivación de querer hacerlo bien. Entonces, creo que somos un equipo muy compensado.
—¿Estamos en la edad de oro del pool en España?
—Sí, sin ninguna duda. En España siempre hubo muy buenos jugadores. Con todo el respeto del mundo, creo que España siempre ha tenido un nivelazo y lo tiene, pero no sé si antes hubo tres españoles en el top 16 del mundo. Somos tres jugadores profesionales que viajan por todo el mundo, compitiendo al máximo nivel y los resultados han acompañado, así que estamos en la edad de oro del pool.
—¿Cree que se valora lo suficiente un éxito de esta envergadura?
—Yo tengo suerte de que aquí, en Ibiza, me valoran. Tengo muchas entidades que me patrocinan, que me ayudan a competir y sí que es verdad que yo me siento valorado. Lógicamente, el billar es un deporte minoritario. A nivel nacional, no es que no nos valoren, pero sí me gustaría tener algún tipo de valoración mayor a nivel nacional, ya que hemos representado a un país y hemos quedado campeones del mundo representando a nuestro país.
—Me consta que hay países donde a los billaristas se les trata prácticamente como eminencias.
—Si eres billarista profesional y has nacido en Vietnam, Filipinas o Indonesia, por ejemplo, te van a tratar de lujo porque allí es un deporte mucho más famoso y popular. Si eres un gran billarista, allí sí que vas a ser una persona muy reconocida. Allí es algo increíble. Se practica mucho el billar.
—¿Alguna anécdota curiosa de este campeonato?
—¿Anécdota? Hicimos una promesa y no la cumplimos. Espero que el karma no nos la juegue. La promesa era que, si ganábamos el Mundial, nos íbamos a tirar a la playa con la ropa de competición, pero ganamos y nos fuimos a tomar algo en el bar del hotel y a hacer las maletas porque nos teníamos que volver a España. El tema es que no nos tiramos porque qué hacíamos con la ropa de jugar entonces. Si estaba empapada, cómo la íbamos a meter en la maleta. Yo creo que eso fue una excusa para no meternos (risas). Espero que el destino no nos lo tenga en cuenta y no nos traiga mala suerte.
—¿No hubo celebración entonces?
—No en sí porque la final terminó sobre las 16.30 o 17.00. Luego fue la entrega de premios. Nos tomamos algo en el bar del hotel y luego a hacer la maleta, porque casi a las 12 de la noche salía el vuelo de Bali para Madrid.
— ¿Cómo lleva eso de recorrer medio mundo año tras año?
—A medida que van pasando los años, creo que se me hace más cansado. Es verdad que, al fin y al cabo, yo me siento muy afortunado porque me dedico al deporte que practico desde que era niño y viajo por el mundo, que creo que es un sueño para mucha gente igual que para mí. Sin embargo, a mí lo que me gusta es estar en el sitio sin importar lo lejos que esté. El transporte y los trayectos son lo que no llevo bien. No es que lo pase mal, pero soy una persona a la que le cuesta mucho estar sentada durante mucho tiempo. Entonces, estar diez horas en un avión no es uno de mis planes favoritos.
—Ahora que es campeón del mundo, ¿qué retos tiene por delante?
—No cambia ni mi forma de trabajar ni nada. Hay que seguir entrenando y seguir haciendo las cosas lo mejor posible. Se trata de intentar seguir rindiendo al máximo nivel y ya estoy centrado en las siguientes competiciones. A finales de mes tengo el Qatar Open y de ahí vuelvo a España para jugar una prueba del Eurotour en Gandía.
—¿En algún momento de su trayectoria pensó que ese niño que se subía a una caja de refrescos en Ilusions Pool podía proclamarse campeón del mundo?
—Por entonces no pensaba en ser campeón del mundo, sino en jugar y disfrutar. A medida que avanzas de edad y nivel, llega un punto en que luchas por todos los torneos y vas persiguiendo tus sueños. Si tu sueño es ser campeón del mundo, pues luchas por ello. Hay gente que lo consigue y gente que no. Yo he tenido la suerte de que, gracias al equipo que hemos formado, hemos podido ser campeones del mundo, pero cuando tenía siete años ni pensaba en eso.
—Por segunda vez, lleva el nombre de Ibiza a lo más alto. Debe ser especial.
—Sí. Siempre lo he dicho. Ibiza es mi casa y siempre se me ha tratado bien. Estoy muy agradecido a toda la gente que me apoya. Ibiza no es sólo fiesta. Aquí también tenemos deportistas y estoy muy orgulloso de poder mostrar otras caras de la isla por el mundo.