Hablar de Marc Tur es hacerlo de una leyenda del deporte ibicenco. El atleta es uno de los pocos que pueden presumir en la isla no sólo de haber sido olímpico, sino incluso de conseguir un diploma en los Juegos de Tokio. También ha sido campeón del mundo por equipos en los 20 kilómetros marcha y de Europa por selecciones en los 50, entre otros múltiples logros. Ahora, el deporte ha pasado a un segundo plano y trabaja en Madrid para el Ministerio de Sanidad. La Peña Deportiva, su club, le homenajeará mañana en una gala que tendrá lugar en el Teatro España, donde sus éxitos serán públicamente reconocidos.
—¿Qué supone para usted este homenaje por parte del club?
—Pues la verdad es que me siento orgulloso y estoy completamente agradecido por el detalle. Tengo muchas ganas de estar allí, de estar con el club y agradecerle el hecho de haber organizado este evento.
—¿Qué ilusiona más: ganar una medalla o un evento de estas características?
—Yo creo que cada cosa tiene su brillo concreto. Ganar medallas y conseguir éxitos deportivos es precioso, pero estos pequeños gestos casi cobran más importancia. Al final, las medallas se basan en competición, pero este tipo de eventos se basan en las personas que hay detrás. Que un club y un pueblo te apoyen no hay nada que lo pueda pagar.
—En el plano deportivo, ¿qué planes tiene?
—A corto plazo, ninguno. He empezado a trabajar en el Ministerio de Sanidad y estoy muy contento.
—Su vida ha dado un giro importante.
—Bueno, al fin y al cabo, sigo con el deporte y sigo entrenando, pero ahora estoy en esa parte de compaginarlo con el trabajo, lo que se conoce como la carrera dual que siempre he defendido y que creo que realmente es a lo que todo deportista tiene que aspirar en algún momento.
—Imagino que ahora la motivación jugará un papel importante a la hora de decidir cuándo quiere competir.
—Sí. Al final, la motivación es algo clave para cualquier deportista, al mismo tiempo que el entreno. Pero sí, depende de eso.
—¿Tiene previsto participar en alguna prueba concreta o está en modo stand-by?
—Ahora mismo tengo la mirada puesta en el sábado. Tengo ganas de vivir este reconocimiento, de estar con mi familia y con aquellos que me han apoyado.
—Uno echa la mirada un poco atrás y ve que no queda lejos ese diploma olímpico que consiguió. Han cambiado bastante las cosas. Imagino que no le ayudó el cambio de distancias que se impuso.
—Que se cambiara la distancia fue un jarro de agua fría que, en su día, pude solventar. Me defendí. Obviamente, cuando eliminaron definitivamente la distancia larga de los Juegos Olímpicos, me quedé sin opciones de luchar por estar en París. Pero, bueno, no dejé de intentarlo. La verdad es que, a pesar de los obstáculos en el camino, siempre he estado intentándolo.
—Quizás esa sea la mejor moraleja: nunca rendirse, nunca tirar la toalla.
—Al final, eso está dentro del ADN del deportista: la resiliencia de, cuando te caes, levantarte y volver a luchar. Y así constantemente. La resiliencia forma parte del ADN, pero es bonito transformarla y proyectarla en otras cosas.
—¿En su círculo laboral saben que tienen a un atleta olímpico trabajando con ellos?
—Sí. Les sorprendió esa parte cuando investigaron mi background deportivo. Bueno, eso no es tan común, ¿no? El hecho de haber estado en los Juegos Olímpicos de Tokio y de ser un atleta de elite siempre llama la atención.