Si bien España aún no ha debutado en el Mundial, Mallorca sí lo ha hecho. La colonia alemana (que no la Colonia alemana) formada por miles de personas se congregó en el Arenal para seguir de cerca los primeros pasos de su selección en esta Copa del Mundo en su estreno frente a Curazao. Tras los fracasos estrepitosos de la ‘Mannschaft’ en las dos últimas ediciones, en las que cayó en fase de grupos, las ganas de redimirse se palpaban desde el inicio.
Un inicio marcado por el coro de cientos de compatriotas que cantaban el himno, elevando casi a los máximos permitidos los decibelios en la zona. La controversial y novedosa medida de este torneo, a la que se le conoce como ‘pausa de hidratación’, parece no venirle de nuevas a los alemanes, que no perdían de vista sus cervezas, la bebida favorita de la tarde.
El ambiente, inmejorable, llegó a su mejor punto con el primer gol de Alemania. A partir de entonces, la tarde derivó en una fiesta de cánticos, palmadas, gritos y risas. Curazao no parecía ser una amenaza para el buen desarrollo del jolgorio y quedó patente con el tanto de los caribeños. Los aficionados ni se inmutaron ante una diana histórica quizás sabiendo que el potencial de su combinado acabaría arrollando a la debutante. No se equivocaron.
El festival alemán de goles en el verde provocó el éxtasis de una afición que ya hacía planes para el resto de la noche, que se presumía larga para muchos: «We sleep today in the beach», (hoy dormiremos en la playa) le contaba un seguidor, no muy consciente de que su propuesta no tendría mucho recorrido, a un camarero.
El tempranero gol alemán en la reanudación que suponía el cuarto y la confirmación de que se avecinaba una goleada de escándalo y sin misericordia, arrancó una conga entre los más divertidos del lugar, es decir, una muy larga. El regodeo de los germanos no tuvo en cuenta el tamaño de su rival y sí sus dos últimas experiencias mundialistas, por lo que no tuvieron reparo en celebrar la victoria de todas las formas imaginables.
Alguno no aguantó el pitido final, hizo acopio de los más pintorescos artículos de venta ambulante y tomó las calles brindando una exhibición que invitaba a despegar los ojos del partido para verle a él. Sin duda no fue una tarde más para cualquiera que pasara por ahí, pero daba la sensación de que sí podría serlo para ellos, dejando por los suelos el estigma del recio y serio alemán.
El ánimo de los presentes no decayó en ningún momento pues Curazao no conseguía dar con la tecla de la primera mitad con la que pusieron en aprietos a Alemania durante unos instantes. La fiesta, entonces, siguió su curso más allá del pitido final.
Pero antes no faltó tiempo para celebrar como se merecía los otros tres goles que cerrarían un resultado para la historia. Es la cuarta vez que la selección alemana le endosa a su rival cinco goles o más en el debut de un Mundial pero el dato no pareció ser de suma importancia más allá que para justificar el festival.