España volvió a agarrarse a una de las señas de identidad que ha construido durante el mandato de Luis de la Fuente: no rendirse nunca. La selección encontró el premio en los instantes finales y se plantó en semifinales, una clasificación que el seleccionador atribuyó al compromiso de un grupo que, según aseguró, nunca deja de creer.
De la Fuente destacó el carácter competitivo de sus futbolistas por encima del resultado. «Es la actitud que adopta este equipo en cualquier circunstancia», explicó antes de insistir en el orgullo que siente por dirigir a una generación «tan comprometida, con tantas ganas de crecer y de mejorar». El técnico consideró que España había hecho méritos suficientes para resolver el encuentro con mayor tranquilidad, aunque recordó que el nivel de igualdad entre las grandes selecciones obliga a valorar cada victoria. «Sabemos lo difícil que es ganar y hay que poner eso en valor», afirmó.
El seleccionador también tuvo palabras de elogio para el gran protagonista de la noche, Mikel Merino. Para De la Fuente, el centrocampista representa a la perfección el espíritu de este equipo. «Es un ‘top’ mundial. Podría jugar en cualquier selección y en cualquier equipo. Para nosotros está hecho a medida y siempre que le necesitamos aparece», resumió.
Con Francia ya en el horizonte, el técnico no escondió la ambición de España. Admitió que será otro desafío de máxima exigencia, pero defendió que su equipo tiene argumentos para volver a imponerse. «Es legítimo pensar que vamos a trabajar para superarles. Ellos también estarán preocupados», señaló, recordando además las dos últimas victorias de España frente al conjunto francés.
El héroe
El héroe volvió a ser Mikel Merino. Igual que ocurrió frente a Suiza, apareció cuando el reloj agonizaba para firmar el gol de la clasificación. El navarro confesó que ni él mismo termina de creer lo que está viviendo. «Estoy feliz, no me lo creo. Pensaba que no volvería a hacer un gol al final de un partido y parece que las casualidades no existen», comentó entre sonrisas.
Merino reconoció que será difícil repetir una historia semejante, aunque no renuncia a seguir escribiéndola. «Dos partidos para ganar un Mundial es un sueño hecho realidad», afirmó. El centrocampista también destacó la dimensión social que está adquiriendo la selección. «Todo lo que está ocurriendo une a un país y poder dar tanta alegría a tanta gente es un orgullo». Ahora, con Francia como siguiente obstáculo, lanzó un mensaje de confianza: «Será un partido de tú a tú entre dos equipos de élite. Vamos con mucha hambre y muchas ganas», manifestó el jugador de la selección española y hombre clave en los dos últimos encuentros disputados por La Roja. Ahora toca descansar y pensar ya en Francia.