La final que todos soñaban enfrentará a viejos conocidos, ídolos y admiradores y a dos países con numerosos lazos. España y Argentina pelearán por la Copa del Mundo este domingo, y a los mandos de la albiceleste, un rostro familiar en Mallorca tendrá la oportunidad de entrar en la historia si es capaz de doblar éxito y repetir la gesta de Catar 2022, dando al país sudamericano su cuarta corona. Con el permiso de una España convertida en la gran sensación del torneo y cuyo papel de favorita ha ido creciendo a medida que avanzaba el torneo.
La vida personal de Lionel Scaloni (Pujato, Santa Fe, 1978), y anteriormente la profesional, no puede explicarse sin hacer referencia a su vinculación con Mallorca, donde fijó su residencia al colgar las botas, años después de vestir la camiseta del equipo de referencia, ya que entre 2008 y 2009 militó en las filas del Real Mallorca. Ese periplo dejó huella para siempre en la figura del hoy seleccionador argentino, quien conoció aquí en 2008 a su esposa, Elisa Montero, instalándose de forma permanente en la Isla, donde inició su carrera como técnico.
«A los 29 años, quedé con una lesión después de la Copa del Mundo. Firmé un contrato con la Lazio. Venía de jugar diez años en España y, seis meses después, me llamaron para jugar en Mallorca… Ahí conocí a mi esposa», confesaba en una entrevista a un medio argentino Scaloni en referencia a una vida persona que lleva con enorme discreción.
Inicios
De forma discreta, pasando inadvertido, tuvo en Ágora Portals, Son Caliu o Playas de Calvià sus primeras paradas. Allí dejó huella, especialmente en el segundo club, y desde ese punto comenzó a edificarse un recorrido que le llevó a tocar el cielo hace poco menos de cuatro años. Calvià fue su primera ubicación en Mallorca, aunque en la actualidad reside en una discreta propiedad en una urbanización periférica del municipio de Bunyola, donde además puede practicar de forma regular otra de sus grandes pasiones: el ciclismo.
Se le ha visto rodar junto a Carlos Moyà y otros amigos, además de lucirse con tiempos casi de profesional en marchas como la Mallorca 312, en la que es un habitual. Incluso en ocasiones se le observa en la plaza del pueblo, sentado en una cafetería, donde pasa desapercibido y, cuando es reconocido, atiende con amabilidad a quien se le acerca.
Esa pasión por el fútbol la ha sabido traspasar a sus hijos, Ian i Noah, con quienes en ocasiones pelotea y a quienes sigue de cerca, aportándoles su experiencia como exjugador y entrenador, pero por encima de todo haciendo valer el papel de padre, en el que vuelca buena parte de sus esfuerzos cuando está en casa, lejos de la dinámica de la selección.
La trascendencia de su figura le ha llevado incluso a dar nombre, sin quererlo, a un popular helado. La 'Scaloneta' (concepto con el que se conocía a la selección argentina en el Mundial de Catar), elaborado con base de dulce de leche y que en Argentina causa furor, ha llegado incluso a Mallorca, de la mano de Che Gelats, y el propio Lionel ha tenido la oportunidad de probarlo, y de repetir.
Ahora, cosas del destino, Scaloni topará con España. Un cruce de sentimientos que sabrá gestionar de forma entera y profesional este 'mallorquín' de adopción y de residencia cuyo carácter huye de polémicas y enfrentamientos, sabedor de que ambos países son parte esencial de su persona, aunque también de su recorrido como deportista y preparador. Algo que tiene muy presente en todo momento, agradeciendo los apoyos que encontró para comenzar de cero en su isla de adopción para acabar conquistando el planeta.
Para darle todos los halagos, que por cierto merece, podrían haber elegido una foto mejor.