El Mundial es la competición más importante no sólo por lo deportivo. Toda la mística que le rodea la convierte en la más especial entre el grueso de la población porque utiliza elementos tan humanos como la ilusión y la esperanza para unir a personas de todas las edades por un mismo objetivo. Todos recordamos qué hacíamos y dónde estábamos cuando bordamos nuestra primera y, de momento, única estrella en el pecho, haciéndonos un hueco entre el olimpo del mundo del fútbol.
Ahora, políticos, deportistas, artistas, empresarios y representantes de la sociedad mallorquina rememoran, dieciséis años después, dónde estaban y qué hacían en una noche inolvidable que reunió a todo un país frente al televisor y que terminó culminándose con el histórico gol de Andrés Iniesta en Johannesburgo, Sudáfrica. El tanto valió la primera Copa del Mundo para España y el despojo del complejo futbolístico que arrastraba la selección en los Mundiales hasta entonces.