Este sábado por la noche, los cines Augusta y Rívoli de Palma echaron el candado por un día. La película iba de otra cosa. Mallorca, España y el Mundo se paralizaron con la intención de presenciar la final entre ‘La Roja’ y la Argentina del eterno Messi. La euforia colectiva abarrotaba las terrazas de los bares con pantalla y desolaba la de los restaurantes que no contaban con un televisor. Por las calles semidesiertas solo encontramos a aquellos que por convicción o indiferencia prefirieron hacer cualquier otra cosa que ser testigos del partido. La otra cara del fútbol. Hablamos con ellos para conocer su historia.
«No me gusta el fútbol», explica Xisca desde una terraza donde espera sola un café con leche. El bastón de esta antigua profesora de idiomas ocupa dos sillas y su bolso, una tercera. «Prefiero ver un partido de tenis, natación o gimnasia rítmica. Realmente, a mi lo que me gusta es el baile pero tuve un accidente, me caí en un bar y me rompí la rótula. Han pasado diez años y los médicos no me dan ninguna solución», se lamenta la mujer desde la calle Blanquerna antes de añadir que «a mi lo único que me gusta del fútbol es el mérito que tiene el árbitro pero ver a un hombre perseguir una pelota para darle patadas no me llama la atención».
Por su parte, a pesar de que a Óscar, un albañil colombiano, le gusta el fútbol decidió no ver la final porque «he detectado que, al igual que ocurre en la política, las cosas no llevan su rumbo natural. El Mundial está manipulado para que los resultados no sean como tienen que ser. Los políticos le meten la mano, como decimos coloquialmente en mi país. Si fuera una competición justa yo la vería. Claro que sí».
Voluntarios
Mònica y Elisabet son madre e hija. Comparten una cerveza mientras hablan tranquilamente de la vida. Elisabet explica que la final le parece «una cosa totalmente fuera de lugar. Me llama la atención que la gente se preocupe más de ver el fútbol que de otros temas más importantes». Les preguntamos si amigos o familiares les han invitado a ver el partido. «No, pero no iría ni aunque me pagaran una millonada. Ni por la sangre. No es un tema político», contesta.
Ramon Lladó es el rector de Santa Catalina Thomàs. Coincidiendo con las fiestas de la parroquia, el mercadillo benéfico de cada año ha recaudado fondos para las víctimas de los dos terremotos que asolaron Venezuela el pasado 24 de junio dejando más de 5.000 muertos. Media docena de voluntarios de la Fraternitat de Santa Catalina Thomàs se apuran por terminar de desmontar las paradas que han estado activas durante más de doce horas tanto el sábado como el domingo. Alguno intenta llegar a la segunda parte, otros no son tan futboleros y también hay a los que el cansancio les puede. Lladó reconoce que «no veré el partido porque hay alguien que quiere hablar conmigo. No sé que quiere. Me gusta el fútbol pero no soy un forofo por lo que no me molesta perderme el partido. Lo primero es lo primero».
Fútbol
El mundo del balompié es rico en frases de mayor o menor enjundia filosófica. Una de las más famosas, de dueño incierto, reza: ‘El fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes’. Pero para muchos, ni eso. Aunque miles de personas salieran a las calles de Palma para celebrar la segunda estrella de la selección, otros prefieren vivir a otro ritmo, ajenos a taquicardias, gritos o las lágrimas de ver a su país llegar a lo más alto del fútbol mundial por segunda vez en su historia.
Lo peor de ganar el mundial, sera que durante todo el año, tanto programas de television, radio y telediarios, hablaran de que tenemos el mejor equipo del mundo, vaya pais de pandereta.