Ferran Torres fue el hombre elegido por el destino para escribir una de las páginas más importantes de la historia de la selección española. Su gol decidió la final frente a Argentina y desató la locura entre los aficionados españoles, pero el delantero quiso repartir el mérito mucho más allá de los 25 jugadores que formaban parte de la plantilla. «Al final, el gol ha sido de 47 millones de personas, no de 25 jugadores», afirmó el protagonista de la noche, todavía con la emoción a flor de piel. Para Ferran, el desenlace de la final parecía estar escrito desde mucho antes de que el balón terminara en el fondo de la portería. «El destino estaba escrito para que ganásemos esta final», aseguró.
El encuentro, sin embargo, no fue sencillo. Enfrente estaba Argentina y, con ella, la presencia de Messi, un factor que añadió todavía más tensión a una final ya de por sí cargada de emoción. «Todas las finales son difíciles, pero cuando tienes a Messi en el equipo contrario siempre entra ese nerviosismo», reconoció el autor del tanto decisivo.
España supo resistir la presión y mantener la confianza en su propio fútbol. «Siempre hemos dependido de nosotros mismos y lo hemos demostrado una vez más», explicó Ferran, convencido de que la selección volvió a demostrar su capacidad para competir en el momento más importante del torneo. Pero detrás de la celebración y de la gloria del gol también existe una historia personal. Ferran no ocultó que el camino hasta ese momento no había sido sencillo. Durante el Mundial recibió críticas y tuvo que convivir con la presión de quienes cuestionaban su rendimiento. Por eso, cuando marcó el gol que dio a España el título, la celebración tuvo un significado especial.
«La liberación tras marcar ha sido muy grande. He sido una persona muy criticada a lo largo del Mundial», reconoció. Sus palabras reflejaban el desahogo de quien había tenido que seguir trabajando y creyendo incluso cuando las cosas no salían como esperaba. Y en ese momento de máxima emoción, Ferran también quiso reivindicar su fe. «El destino está escrito. Dios me da esa fuerza para seguir y, al final, Dios le da las cosas a quien más se lo merece», afirmó.
El delantero pasó así de las críticas a convertirse en el héroe de una noche inolvidable. Su gol no solo decidió una final. También cerró un recorrido personal marcado por la presión, la perseverancia y la confianza. Cuando llegó el momento decisivo, Ferran respondió. Y España, con él, tocó la gloria.
manumenorcaCon las mismas razones, tampoco te habra gustado el joven Lamine Yamal, postrado en el suelo, hacia la meca rezando a lo que tu llamas, “ectoplasmas inexistentes”… Manu, te das tortas tu solito en este muro de estas lamentaciones!