Más allá del resultado, hay partidos que se quedan para siempre en la memoria. Esta final entre España y Argentina pertenece a esa categoría. El triunfo español será recordado, pero el verdadero valor está en el camino recorrido: en cada partido, cada emoción, cada dificultad y cada momento que fue construyendo una historia apasionante hasta llegar a esta noche inolvidable.
Ha sido un recorrido emocionante, de esos que convierten una competición en algo mucho más grande que el fútbol. España jugó y ganó la final dejando atrás dudas, obstáculos y noches de tensión, pero también regalando ilusión y orgullo. Y cuando una selección alcanza una final, no solo juega por un título: juega por todos los que han acompañado el viaje.
Sin embargo, mientras disfrutaba de esta final, he sentido una ausencia muy personal. En las páginas de este periódico he echado de menos al maestro Miguel Vidal de Ultima Hora. Al periodista en mayúsculas. Al hombre que siguió infinidad de acontecimientos deportivos y seis Mundiales, y que en finales como esta volvía a mostrar en su rostro la emoción del primer día. Porque Miguel Vidal tenía algo que no se aprende en ninguna escuela: la mirada del periodista de raza. En noches como la de Nueva York salía a relucir ese profesional que, después de tantos años, seguía sintiendo los nervios del debutante. Esa pasión intacta, esa obsesión por escribir la crónica bien hecha, con ese gramo imprescindible de emoción, de vida y de verdad.
También he echado de menos el artículo de Enrique Lázaro. Su pluma era de esas que todo lo veían y, sobre todo, todo lo sabían contar. Tenía la capacidad de encontrar la palabra exacta, el enfoque preciso y la emoción escondida en cada historia. Escribir como Enrique escribía no estaba al alcance de cualquiera. Por eso, su ausencia también se nota en una noche como la del domingo y en un periódico como el de esta jornada. Vidal y Lázaro ya no están entre nosotros, pero desde aquí mi sentido homenaje. También se merecen hoy que su nombre figura entre estas páginas que quedarán para la eternidad.
El periódico de esta jornada es histórico. Lo es tanto como aquel de hace ya dieciséis años que tuve el honor de que firmase Vicente del Bosque. Aquel ejemplar forma parte de mi memoria y, de alguna manera, este triunfo también es suyo. Y lo es también de Luis Aragonés, el hombre que empezó a cambiar de verdad el registro de una España acostumbrada durante demasiado tiempo a sentirse perdedora.
Desde entonces, el fútbol español aprendió a creer. A competir sin complejos. A mirar de frente a cualquiera. Todo lo que vino después nació también de aquella transformación. Por eso, en cada gran triunfo, hay una parte de Luis, de su carácter, de su valentía y de aquella manera tan suya de entender que ganar también era cambiar una mentalidad.
También me acuerdo de Miquel Bestard, presidente histórico de la Federació de Futbol y que cuando casi nadie conocía a Luis de la Fuente, él siempre confió en que tarde o temprano podía protagonizar gestas como las que ha llevado a cabo con España. En 2015 vino a la Gala del Fútbol. Pocos pensaban entonces lo que estaba por venir.
Hoy tiene usted en sus manos un periódico histórico. Léalo despacio. Disfrútelo. Guárdelo. Porque no es únicamente el relato de un triunfo. Es el resultado del esfuerzo de otra selección: la de los periodistas, fotógrafos, diseñadores y maquetadores de Ultima Hora tanto en su edición digital como impresa que también jugaron su propia final.
Y porque detrás de cada página hay mucho más que un resultado. Hay horas de trabajo, llamadas, desplazamientos, fotografías, textos corregidos una y otra vez, decisiones de diseño y una pasión silenciosa por contar lo que sucede. Cada profesional aporta una mirada distinta, pero todos comparten una misma responsabilidad: convertir un acontecimiento fugaz en una acontecimiento que permanezca. Por eso, este periódico no solo informa de un triunfo más de España; conserva un instante irrepetible y lo entrega al lector para que, dentro de muchos años, pueda volver a abrirlo y sentir de nuevo la emoción de un día histórico.