Baleares se expone a sufrir fenómenos meteorológicos más adversos por el progresivo calentamiento que sufre el mar Mediterráneo, una «bomba de relojería» que puede traducirse en danas y otros episodios de mayor impacto en el archipiélago, así como desembocar en la desaparición de la posidonia.
El mar mantiene el calor más tiempo que la superficie atmosférica, que se enfría más rápido, por lo que la evaporación del agua en contacto con masas más frías puede traducirse en fenómenos «cada vez más extremos».
El Mediterráneo en Baleares ha alcanzado este verano valores sobre los 30 grados de temperatura, aunque expertos consultados por Europa Press han indicado que este calentamiento, por sí solo, no necesariamente tiene por qué dejar fuertes lluvias, tormentas intensas u oleaje extremo si no es en combinación con otros factores.
El portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), Jorge Rodríguez, ha afirmado que el calentamiento del mar puede tener consecuencias en forma de tormentas. Sin embargo, para que esto ocurra «se tiene que dar la situación atmosférica».
En este sentido, Rodríguez ha señalado que la temperatura del mar favorece que haya humedad en superficie y eso es «combustible para tormentas intensas», pero para llegar a este escenario se necesitan tres factores, que son la inestabilidad, la humedad y el mecanismo de disparo, que es, según la terminología de la Aemet, el factor que obliga a una masa de aire cálida a ascender y que desencadena la formación de nubes de evolución, tormentas o precipitaciones intensas.
Por su parte, el experto en física del océano del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), Alejandro Orfila, ha señalado en declaraciones a Europa Press que la temperatura registrada en el mar durante este verano ha superado a la del año pasado.
Según ha detallado, «el calor se acumula en el mar» y tarda en enfriarse más tiempo que en la superficie de la atmósfera. Por ello, «cuando baja la temperatura atmosférica, puede producirse que la energía del mar vuelva a la atmósfera» en forma de evaporación o eventos fríos, como danas.
No por ello tienen que producirse esos fenómenos meteorológicos adversos, sino que tienen que juntarse los tres factores mencionados por Rodríguez (inestabilidad, humedad y mecanismo de disparo). Orfila ha coincidido con la Aemet al sostener que el hecho de «que el mar esté caliente no es suficiente» para que se produzcan esos fenómenos.
No obstante, Orfila sí ha asegurado que el mar «va a devolver energía a la atmósfera que puede producir lluvias excesivas», tal como se ha visto ya en Valencia, Ibiza, Grecia o norte de África.
El experto ha añadido que «los fenómenos cada vez serán más adversos» debido a que «la energía disponible será mayor y será devuelta a la atmósfera». En esta línea, ha asegurado que «las precipitaciones no serían tan dañinas si el mar no estuviera tan caliente».
En caso de lluvias intensas y abundantes, las zonas más vulnerables de las Islas son cuencas de torrentes, zonas inundables y puntos bajos o salobres como Pollença o Alcúdia, según Orfila. Mientras, en fenómenos costeros y de oleaje extremo, las zonas más afectadas serían playas y cotas bajas del litoral.
La condición de insularidad genera una «mayor exposición» a los fenómenos adversos por el oleaje. En este sentido, Rodríguez ha explicado que «el mar interactúa con la atmósfera», por lo que las Islas son más vulnerables hacia esas convergencias que la península.
Por otra parte, Orfila ha destacado que el calentamiento del mar también puede provocar un cambio en los ecosistemas y que hay especies endémicas «muy sensibles a los cambios de temperatura», como la posidonia oceánica.
De hecho, ha alertado, en base a una tesis, que la posidonia podría llegar a desaparecer del mar debido a las altas temperaturas que se están registrando en el medio marino.
Otras especies también pueden desaparecer o emigrar a otros mares más frescos porque están «estresadas» precisamente por el calentamiento del mar, que se está produciendo cada vez a mayor profundidad, según ha indicado.
Además, derivado del calentamiento del mar y de los fenómenos adversos, se puede producir un oleaje extremo cada vez más común que, sumado a la subida del nivel del mar, puede provocar la desaparición del 60 por ciento de las playas de Baleares al final de este siglo, según un estudio citado por Orfila.