Luis Ciges falleció ayer en Madrid a los 81 años de edad. Fue médico, realizador de cine y televisión, pero ante todo fue un actor que se hizo popular gracias a la trilogía que comenzó Berlanga con «La escopeta nacional» y que aportó al cine español un rostro, una voz y una bis cómica tan peculiares como difíciles de imitar.
Nacido en Madrid, en 1921, Luis Ciges vio cómo su padre era fusilado por las tropas franquistas en agosto del 36, lo que no le impidió alistarse junto a sus dos hermanos en la División Azul en un intento de que la nueva España admitiera al hijo de un republicano destacado. Allí en la División Azul coincidió con Luis García Berlanga, quien se había alistado para conocer mundo y fue allí donde nació la amistad entre ambos que les llevaría a una fructífera colaboración que comenzó con «Plácido» y terminó con «Todos a la cárcel», aunque el rostro de Luis Ciges se hizo popular gracias a «La escopeta nacional».
Almodóvar lo reclutó para su «Laberinto de pasiones», lo que le abrió la puerta a Ciges para participar en los trabajos de cineastas de prestigio como Trueba que lo reclutó para «Sal gorda», José Luis García Sánchez para «La corte del faraón» o Luis Cuerda para, primero «Amanece que no es poco» y «El bosque animado» y, más tarde, para «Así en el cielo como en la tierra».
Este último trabajo, en el que compartía cartel con actores de la talla de Fernando Fernán Gómez o Paco Rabal le valió el Goya al mejor actor de reparto, la mejor recompensa para un actor que siguió prodigándose y sedujo a directores noveles como Javier Fesser, con quien rodó «El milagro de P. Tinto», una película con estética y argumento de cómic donde el rostro de Ciges encajaba a la perfección.