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«Mi pintura no es para perezosos»

Antonio Villanueva resume la trayectoria de su obra en un catálogo que presenta en una exposición en Madrid

Antonio Villanueva abre su catálogo en la página de un autorretrato que pintó en 1959.

Y termina en Madrid, el catálogo tiene sus últimas páginas dedicadas a sus pinturas de técnica mixta sobre tela y de tinta china y acuarela sobre papel, cuya muestra bautizó con el 17, porque es el total de las obras que expuso y además su número de la suerte, más 3 dibujos. «17+3» se compuso por obras de gran formato, algo muy característico de Villanueva, y también de mediano, que según comentó, fueron bien aceptadas por los asistentes a la inauguración.

LUCIANA AVERSA

Será por aquello de que una obra nunca está completa sino hay alguien que la observe, la interprete o la imagine. Y será por aquello también de que los artistas siempre demandan del ejercicio mental del espectador sin querer explicar nada más allá de lo que hay en el lienzo. Por esto, tal vez, y después de 40 años de trabajo en los que asegura haber pintado «miles de cuadros», Antonio Villanueva sólo da pistas, sugerencias, señales en colores vivos y trazos, que quizás tengan detrás una historia en movimiento para el que se detenga a observarla, a pensarla.

Esta también puede ser una forma de interpretar «17+3», la exposición que ofreció en Madrid desde el 15 de noviembre hasta hace un par de días, en la sala «Na (B) Room», de la calle Pradillo.

Su regreso a una de las ciudades en las que exhibe y vende sus pinturas, trajo consigo la presentación de su biografía pictórica escrita por Marino Planells. Un escritor que de tanto seguir su obra llegó a la conclusión de que Villanueva es «Un cosmopolita romántico», y con este nombre bautizó la primera parte de este libro que sólo se podrá ver en galerías y tiendas especializadas.

«Pienso que es importante tener un libro, que al final es como un catálogo. Así la gente ve un poco tu trayectoria y sabe que lo que estás haciendo ahora viene de alguna parte», asegura Villanueva. Sus principios en Oviedo, los estudios en Madrid, la aventura parisina, la instalación de un estudio en Saint Paul De Vence, su paso por Canarias, y por supuesto, el desembarco definitivo en Eivissa. El recorrido por decenas de sus pinturas, una trayectoria del pasado al presente, artículos de escritores y periodistas, y el catálogo de la exposición que acaba de concluir en Madrid, conforman el resumen de una gran etapa de su obra, que califica de entrenamiento para un futuro aún más próspero: «Hasta ahora yo estaba calentando, me estaba entrenando. La pintura buena la voy a empezar a partir de ahora», asegura.

Desde La Nave, su estudio artístico ibicenco y a la vez refugio de actores, músicos, y de más gente dedicada a distintas artes que no tiene donde ensayar y con los que Villanueva comparte las seis salas de este antiguo frigorífico de Eivissa, el pintor fuma sin parar y se sonríe al leer los artículos que periodistas de medios nacionales escribieron sobre la muestra y sobre él mismo. Y es que la exposición atrajo no sólo a interesados en arte sino también a personalidades como Àngel Nieto y Concha García Campoy, entre otros.

Destaca que su pintura «no es para perezosos», y asegura estar en un momento muy intenso en el que las ganas de trabajar y trabajar pueden con él: «Ahora ya mis hijas son independientes y no tengo tantos problema con las mujeres. Los pintores pintan bien cuando son viejos, no son como los músicos o los poetas, el pintor necesita ser capaz de simplificar para sugerir a la gente», concluye.

Las 500 copias de su nuevo libro catálogo ya están en la isla. Y con una carcajada Villanueva cierra la contraportada del libro como guardando una primera parte de su larga trayectoria que desea continuar con más fuerza, con más trabajo, en definitiva, con más de su propio arte.

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