Por duro que suene el Estado ha acabado por aceptar que vivir en Balears cuesta un 20-30% más que en gran parte de la península y lo ha reconocido en las nóminas de los funcionarios. Doblar o cuadriplicar los complementos de residencia para los funcionarios no es un gesto político; es una corrección histórica que llevaba dos décadas pendiente. Y cuando una anomalía se corrige de golpe… tiene efectos colaterales.
Inconscientemente a mí me viene a la cabeza el concepto económico llamado «crowding-out» (efecto desplazamiento) que se produce cuando la actividad del sector público sustituye o expulsa parte de la actividad del sector privado, en vez de complementarla. Normalmente es algo que se explica con el endeudamiento del Estado y la consecuente subida de tipos de interés. Aquí viene la parte incómoda: ¿qué pasa cuando la Administración decide competir en el mismo mercado laboral donde el sector privado lleva años peleando? Yo no dejo de darle vueltas a esa pregunta, porque sé que muchos empresarios tal vez se la estén haciendo: ¿quién puede igualar 400 euros mensuales extra, más estabilidad, horarios más ajustados y cero incertidumbres?
Durante años vimos cómo la Administración General del Estado acumulaba vacantes en justicia, policía o servicios centrales porque, sencillamente, con el sueldo ofertado era imposible cubrir el coste de vida en nuestras islas. La subida mejorará servicios esenciales y, como ciudadano, lo celebro. Pero, como observador de la realidad económica local, veo otro fenómeno en paralelo. Este ajuste reordena silenciosamente las preferencias laborales. Un administrativo joven, un técnico medio o un perfil cualificado, que antes dudaba entre empresa privada y empleo público ahora lo tiene más fácil: la balanza se inclina. Y no por ideología, sino por pura lógica económica.
Las empresas locales, que ya operaban con márgenes muy ajustados, ahora deberán competir con una oferta pública reforzada. La fuga de talento no se producirá de manera abrupta... sino como un goteo de pequeñas decisiones individuales: desvío de vocaciones y esfuerzo; menos emprendimiento; subida de costes para las empresas; y cómo no, mayor presión fiscal para pagar toda la fiesta. Y aquí vuelvo al principio: esta subida no es un privilegio; es un ajuste. La pregunta ya no es si el Estado atraerá más talento. La pregunta es si tú (empresario) podrás mantener al tuyo.