Lo que hace poco parecía la panacea de las bolsas, hoy en día ha despertado un temor enorme. Habrá lectores que no habían nacido cuando explotó la burbuja «punto com», pero tampoco hace tanto como para que muchos la hayan olvidado. En los últimos años del siglo pasado las empresas de internet subían en bolsa como la espuma. Bajo el mantra «internet es el futuro» muchas dedicaban todos los esfuerzos y recursos a esta revolución industrial.
Sin embargo, la mayoría no pudieron aguantar años de inversión y trabajo sin ganar dinero y, acertando en la tendencia de internet, murieron por el camino provocando pérdidas millonarias a los inversores. Ahora, sustituye «internet» por «IA» y valora si el escenario es igual. Y no, no lo es.
A finales de los 90, principios de los 2000, eran empresas que solo se movían en base a resultados futuros, puesto que no eran capaces de generar caja (ganar dinero en otras palabras). Hoy en día, las grandes tecnológicas ganan muchísimo dinero, de negocios diversos, y esto se ha confirmado estos días cuando han presentado los resultados del segundo trimestre: han vendido y ganado más que nunca.
¿Y qué similitud tiene con la burbuja financiera? Pues precisamente el enorme tamaño de estas empresas y las grandes relaciones que tienen entre ellas: son clientes entre ellas y, además, tienen inversiones comunes (por ejemplo en Open AI). Por lo tanto, si un eslabón de esta cadena cae, podría hacer daño en las finanzas de las principales empresas de IA, no a una sola. Y dicho de otra forma: si las principales empresas de IA tienen problemas financieros, los tendrán las empresas más grandes del mundo.
Precisamente el crecimiento tan brutal que han tenido los últimos años han provocado que su tamaño sea enorme y que tengan riesgo sistémico como lo podían tener los grandes bancos en 2007-2008. Pero la realidad nos dice que estamos muy lejos de ese escenario: por ejemplo, los niveles de deuda de las grandes son escasos, aún siendo cierto que están volviendo a emitir deuda (hacía años que no lo hacían) las emisiones son muy pequeñas en comparación con el tamaño de la empresa, o sus beneficios.
Además, hay una parte política en la evolución de la IA: las grandes potencias mundiales, véase China y EEUU, han lanzado una carrera por la IA similar a la espacial de EEUU con Rusia en los 50’.
Eso provoca que haya mucha inversión-ayuda pública en uno y otro lado. En EEUU tras el Proyecto Stargate nacido poco después de la investidura de Trump, esta misma semana hemos conocido el «Genesis Mision». Se trata de un proyecto auspiciado por Trump para crear una plataforma de IA que integre laboratorios nacionales, supercomputadoras y bases de datos federales. Y China no se queda atrás, por ejemplo, están financiando con millones a sus empresas.
Pero a pesar de las últimas noticias y los resultados de las empresas, se ha despertado el miedo entre los inversores. Eso sí, aún no siendo burbuja, ofrece poca duda que las subidas en bolsa de la IA han sido espectaculares y que el mercado se ha olvidado de sectores muy atractivos.