‘From heart from begining’ es el leitmotiv de CMV Arquitects, un estudio que pone el corazón y mucha pasión en todos sus proyectos. Hoy cuenta hoy con seis socios y una cincuentena de trabajadores, distribuidos en tres sedes: Palma, Barcelona y Hanoi (Vietnam). La singladura del estudio se inició hace ya 30 años con Andreu Crespí y Pep Vich al mando. Posteriormente, se incorporó Helena Montes en 1998 y ya en el 2010 llegó Tolo Cursach, que había estudiado con Crespí y Vich e incluso fue compañero de piso. En 2018 entró como socio Lluís Escarmís y en el 2023 lo hizo Rubén Bermúdez, con una dilatada trayectoria en la empresa.
CMV Architecs llegó a Vietnam en mayo de 2008 al ganar un concurso y desde entonces tiene despacho abierto, que ya cuenta con 23 trabajadores. CMV es un despacho de arquitectos, especializado en establecimientos hoteleros, aunque han realizado todo tipo de trabajos, desde unifamiliares de gran lujo a edificios de viviendas. El despacho es consciente que el diseño es fundamental, aunque no es menos importante el corazón del edificio. CMV ha trabajado con las principales cadenas hoteleras, tanto en la construcción de nuevos establecimientos como en reformas.
Su oferta no se fundamenta en el precio, aunque es un despacho competitivo. Sus trabajos, en todo caso, se distinguen siempre por tener corazón, por la pasión. A CMV Architects le gusta crear emociones. De hecho, emocionar es uno de los retos de cualquier proyecto. Son un despacho que tiene un gusto selecto por la rebeldía, que mantienen desde hace años como un signo de identidad. Hace ya muchos años que CMV decidió no trabajar para las administraciones públicas y solo se presentan a concursos de entidades privadas de cualquier lugar. La apuesta por las nuevas tecnologías es imprescindible para CMV, que hace ya años que utilizan la inteligencia artificial. Son conscientes de su gran utilidad y de que en un futuro puede ahorrar mucho trabajo.