El sector aéreo enfrenta una presión doble: el compromiso de descarbonización y el reciente encarecimiento del carburante derivado de la guerra en Oriente Medio. Ante este escenario, la optimización de los recursos actuales se presenta como la estrategia más viable a corto plazo. Un estudio de las universidades de Linneus (Suecia) y Oxford, publicado en Communications Earth & Environment, sostiene que la aplicación sistemática de medidas operativas permitiría reducir las emisiones globales de la aviación entre un 50% y un 75% sin depender de tecnologías futuras.
El análisis de 27 millones de vuelos comerciales en 2023 revela una ineficiencia estructural en las rutas actuales. Según los investigadores, el uso óptimo de la flota existente reduciría las emisiones en un 11% de forma inmediata a través de tres ejes: Renovación de flota: Modelos como el Boeing 787-9 y el Airbus A321neo consumen hasta un 28% menos que sus predecesores. Densificación de cabina: Un asiento en clase business genera hasta cinco veces más emisiones que uno de clase económica debido al espacio que ocupa. Priorizar la clase turista maximiza la eficiencia por pasajero. Factor de ocupación: Elevar la ocupación media del 79% actual al 95% permite prorratear el consumo de combustible entre un mayor número de usuarios, reduciendo la huella de CO₂ por persona.
La dependencia del queroseno expone a las aerolíneas a las fluctuaciones de precios causadas por conflictos geopolíticos. Los Combustibles de Aviación Sostenibles (SAF) —producidos a partir de residuos agrícolas, aceites usados o procesos sintéticos— ofrecen una alternativa con una huella de carbono hasta un 60% menor.
La normativa europea ya establece una hoja de ruta que obliga al uso progresivo de SAF a partir de 2025, con el objetivo de alcanzar el 70% en 2050. Ensayos recientes confirman que el uso del 100% de SAF no solo reduce el CO₂, sino también las partículas y las estelas de condensación. La gestión del espacio aéreo es un factor crítico de ahorro. La Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) promueve la reducción de tiempos de espera en pista y la eliminación de trayectorias ineficientes. Una navegación directa minimiza el tiempo de vuelo y, por consiguiente, el gasto de combustible.
A largo plazo, la difícil descarbonización total del sector se apoya en el hidrógeno y la electricidad para aeronaves de corta y media distancia, que son las que se utilizan para volar desde mercados europeos a destinos españoles como los de las Balears. Aunque estas tecnologías requieren inversión en infraestructuras y procesos de certificación, representan la solución para desvincular la aviación de los combustibles fósiles.