Esta misma semana hemos conocido varios análisis negativos para la economía mundial. El más seguido es el del Fondo Monetario Internacional, que ha rebajado las previsiones de crecimiento para el mundo en un 0,20%. Parece una rebaja pequeña con todo lo que está pasando, pero es significativa, y más teniendo en cuenta que esto no ha acabado y que sigue la incertidumbre en cuanto a la apertura real del Estrecho de Ormuz. Por su parte, la AIE (Agencia Internacional de la Energía) ha advertido que el mundo va a consumir menos petróleo en 2026 (previamente esperaba un incremento).
Los niveles que calcula no se veían desde la COVID. Es un dato importante que, de ser cierto, confirmaría una desaceleración económica severa: si se consume menos petróleo es porque la economía se mueve menos (menos aviones, menos camiones, menos coches…). De hecho estas dos instituciones, junto al Banco Mundial, han emitido un informe conjunto. Advierten que, aunque el Estrecho de Ormuz se abra pronto, la oferta de petróleo tardará en normalizarse, por lo tanto los precios tardarán en bajar. La advertencia concreta es «El impacto de la guerra será sustancial, global, y altamente asimétrico».
Pero mientras tanto las bolsas suben y muchos índices están acercándose a máximos históricos o superándolos en algunos casos como el Bovespa de Brasil, el MIB de Italia o el TW50 de Taiwán.
Puede parecer incomprensible pero tiene su lógica. De hecho es habitual que la economía vaya mal y las bolsas vayan bien. Por ejemplo lo vimos en la COVID en 2020: los mínimos de las bolsas datan del 16 al 18 de marzo, eran los peores momentos de la pandemia con muertes disparadas, se iniciaron los confinamientos, no había indicios de vacunas ni medicamentos, pero las bolsas empezaron a subir, precisamente, en los peores momentos.
Hay dos motivos, el primero es que hay empresas beneficiadas de la situación; si en COVID fue la Zoom de turno, en esta guerra lo están siendo las petroleras. Pero ese impacto es pequeño, es mucho más importante saber que las empresas pueden absorber incrementos de costes, bajadas de ventas puntuales, reflejarse en la cotización (durante el mes de enero las bolsas bajaron), recalcularse y volver a ser atractivas para los inversores. Siendo así, ¿los mínimos de finales de marzo podrían ser equivalentes a los de marzo de 2020?
Todavía no se puede cantar victoria: la caída de marzo ha sido pequeña en comparación a lo que puede afectar un petróleo todavía más caro y durante mucho tiempo. De momento, el mercado no espera un escenario dramático y las primeras presentaciones de resultados del primer trimestre de año (con un mes de petróleo caro) están superando expectativas lo que, de tener continuidad, puede ayudar a alejarse de esos mínimos y a romper los anteriores máximos.
Precisamente estos niveles de soportes y resistencias nos pueden ayudar en nuestra estrategia:
En base a un análisis técnico muy simple, una pérdida de los mínimos de marzo (soporte) sería muy negativo, mientras que una rotura de máximos (resistencia) se consideraría una señal de continuidad de las subidas.