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Cuando vender no es suficiente

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La economía balear sigue creciendo, pero a menor ritmo. Tras varios años de fuerte recuperación, los últimos datos apuntan a una fase de crecimiento más moderado, cercana a lo que podríamos llamar una normalización. No hablamos de una crisis de demanda, sino de un entorno menos expansivo.
La pregunta es razonable: ¿cómo puede perder ritmo una economía si hoteles, aeropuertos y restaurantes siguen llenos? La respuesta es que una economía no crece solo porque haya actividad. También importa cuánto margen queda para seguir aumentando esa actividad y con qué costes reales se consigue.

Balears mantiene un mercado laboral fuerte, con afiliación en niveles muy elevados, y el turismo continúa siendo el principal soporte económico. Pero eso no impide que el crecimiento del PIB se modere. En 2024, la economía balear cerró con un avance intenso, apoyado en los servicios y en un mercado laboral robusto. Las previsiones posteriores ya apuntaban a una ligera desaceleración, y los primeros datos de 2026 confirman esa pérdida de ritmo.

El turismo no muestra una caída relevante. El problema es otro, y me parece más interesante: cada vez cuesta más crecer vendiendo más volumen. La capacidad turística está cerca de sus límites, los costes pesan más y la economía balear sigue muy concentrada en el sector servicios, una dependencia conocida pero todavía no resuelta. A esto se suma la presión sobre muchos hogares residentes. El coste de la vivienda y de otros gastos básicos reduce el margen disponible para consumir. Por eso el debate no debería reducirse a si Balears va bien o va mal. Esa forma de plantearlo simplifica demasiado. La economía sigue creciendo, pero las condiciones han cambiado.

Durante años, al mirar la economía balear, la primera pregunta era cuántos turistas habían llegado. Después pasamos a preguntarnos cuánto gastaban. Ahora la pregunta empieza a ser otra: cuánto margen deja ese crecimiento. Para una empresa balear, la conclusión práctica es clara. No parece que venga una crisis de demanda, pero será más difícil ganar dinero vendiendo lo mismo. La diferencia estará en la productividad, el control de costes, los márgenes y la capacidad de aportar valor real. Las cifras no justifican el alarmismo. Tampoco la complacencia. Obligan a mirar menos el volumen y más la rentabilidad.

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