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Francisco Tutzó: «Hay que unir conocimiento y acción para progresar»

El presidente de Quesería Menorquina, Francisco Tutzó, analiza la nueva etapa de crecimiento marcada por la inversión, la productividad, la diversificación y la apertura de nuevos mercados

El Presidente de Quesería Menorquina, Francisco Tutzó, durante la entrevista mantenida en las instalaciones de la compañía en el Polígono de Maó. | Foto: Josep Bagur Gomila

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Después de una etapa extremadamente compleja, Quesería Menorquina vuelve a mirar al futuro con optimismo. El Presidente de Quesería Menorquina, Francisco Tutzó, analiza la nueva etapa de la compañía.

Tras encadenar tres ejercicios con beneficios, Quesería Menorquina arranca una nueva etapa. ¿Qué objetivo se han marcado?
El objetivo prioritario que tenemos ahora es impulsar la internacionalización, crecer en volumen y diversificar nuestra cartera de clientes. Ahora bien, no se trata de crecer de cualquier manera. Crecer sin ganar productividad sería una manera de empobrecerse. El crecimiento tiene que ir acompañado de una mejora de la eficiencia y de la capacidad de generar valor.

¿Qué cambiará dentro de la fábrica?
Tenemos prevista una serie de inversiones dirigidas a modernizar las instalaciones y mejorar nuestra eficiencia y productividad. De hecho, ya hemos empezado a actuar sobre las líneas de lonchas y porciones. La tecnología nos tiene que permitir trabajar mejor, aumentar nuestra capacidad y adaptar la producción a las necesidades de los clientes. No tendría sentido buscar nuevos mercados sin preparar al mismo tiempo la fábrica para atenderlos con garantías. La internacionalización y la mejora de la productividad tienen que avanzar de manera paralela.

¿A qué se refiere cuando habla de mejorar la productividad?
Competitividad y productividad no son exactamente lo mismo. Se puede intentar ganar competitividad reduciendo salarios o costes, pero eso no significa que una empresa sea más productiva. La productividad depende del valor añadido que podamos generar por cada hora trabajada o por cada empleado a tiempo completo.

¿Dónde están las principales oportunidades de crecimiento fuera de España?
Estamos girando nuestra mirada hacia países como Francia, Inglaterra e Italia. Son mercados con un consumo importante de queso fundido donde creemos que podemos competir gracias a la calidad de nuestros productos y a nuestra capacidad productiva. Somos muy conscientes de que nuestro margen de crecimiento en volumen es más limitado en el mercado nacional porque ya tenemos una posición muy relevante. Los mercados internacionales nos pueden ayudar a ampliar nuestra base de clientes, reduciendo la dependencia de unos pocos contratos y aprovechando mejor la capacidad de la fábrica.

¿En qué sentido?
Una empresa industrial no puede depender excesivamente de un solo mercado, de un único cliente o de una determinada línea de producto. Tenemos que repartir mejor los riesgos y aprovechar las distintas oportunidades que ofrece el mercado. La fabricación para terceros seguirá teniendo un peso importante, pero debemos ampliar destinos, clientes, productos y formatos. La diversificación forma parte de la estabilidad futura de la compañía.

¿Y qué papel desempeñará la innovación en esta nueva etapa?
Tenemos que innovar dentro del propio mercado del queso fundido. La innovación no siempre significa crear un producto completamente distinto. También puede consistir en desarrollar nuevos formatos, mejorar los envases, adaptar las porciones a las necesidades de cada mercado o hacer más eficientes los procesos productivos. Menorca ha sido la cuna del queso fundido en España y esta especialización es una ventaja. Después de una época extremadamente difícil, nuestro reto consiste ahora en aprovechar todo ese conocimiento para responder a los cambios del consumo y encontrar nuevas oportunidades.

Jesús Esparza, Consejero Delegado, Francisco Tutzó y Manuel Vecillas, Director de Fabricación.

¿Qué importancia tiene conservar todo este conocimiento industrial?
El queso fundido empezó a elaborarse en Menorca gracias a la iniciativa y visión estratégica de Don Pedro Montañés, uno de los grandes empresarios menorquines del siglo XX. El Caserío desarrolló un conocimiento industrial que ha ido pasando de una generación de trabajadores a otra. Este saber hacer es uno de los principales activos de la empresa. Las máquinas se pueden comprar, pero el conocimiento acumulado durante décadas es mucho más difícil de reproducir. La continuidad de Quesería Menorquina permite conservar una parte muy importante de la historia industrial de la isla.

Quesería Menorquina absorbe aproximadamente un tercio de la leche producida en Menorca en forma de cuajada. ¿Va a cambiar algo en este nueva etapa?
A través de la producción de cuajada, podemos llegar a absorber una parte del excedente de leche de la isla y por ello Quesería Menorquina desempeña un rol importante como válvula reguladora para mantener el equilibrio del sector lácteo. En 2025, por ejemplo, adquirimos alrededor de 1.600 toneladas de cuajada, lo que representa aproximadamente un tercio de la producción lechera de Menorca. Toda esta cuajada permite dar salida a una parte significativa de la leche y contribuye a sostener la actividad de las explotaciones ganaderas.

¿Cómo se explica que una empresa que estuvo tan cerca de desaparecer haya conseguido llegar hasta aquí?
El éxito se explica por la suma de varios factores. Por una parte, el conocimiento y buen hacer de nuestro Consejero Delegado, Jesús Esparza y su equipo de dirección. Por otra, el compromiso y sacrificio de los trabajadores. También ha sido fundamental la implicación de los dos grupos de inversores menorquines y del empresario mallorquín, Eduardo Soriano, que en momentos de incertidumbre, tuvieron fe en nuestro proyecto y acudieron a las dos ampliaciones de capital para que Quesería Menorquina pudiera salir del concurso de acreedores. Haber llegado hasta aquí y estar hoy día, por volumen, entre las quince principales empresas queseras que operan en España, no deja de ser un éxito colectivo.

Ha mencionado el sacrificio de los trabajadores. ¿Qué papel desempeñaron durante los años más difíciles?
Su aportación fue uno de los pilares del proyecto. La plantilla tuvo que afrontar expedientes de regulación de empleo temporal, un ERE que afectó a 52 personas y un ajuste salarial del 20%. Ese esfuerzo debe ponerse en valor porque contribuyó decisivamente a que la fábrica pudiera continuar funcionando e hizo posible adecuar la plantilla a las necesidades operativas de aquel momento. Estoy firmemente convencido que una empresa progresa cuando sabe unir conocimiento, compromiso y acción.

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