Un obrador necesita todos sus ingredientes para elaborar sus productos; sin ellos, sus vitrinas estarían completamente vacías y no tendrían nada que ofrecer. Dispasa, Distribuciones Panarias, se dedica a garantizar que todas las áreas de producción dispongan de los ingredientes que necesitan.
Todo empezó hace más de 70 años con Miguel Juan Beltrán y su bicicleta, con la que repartía levadura y algunos ingredientes más por Palma. En aquel entonces, la empresa como tal todavía no existía. Tiempo después, la actividad pasó a manos de Miguel Juan Quintana, quien, tras el fallecimiento de su padre, continuó con la distribución de productos de panadería, especialmente de levadura prensada. Sin embargo, Miguel Juan Quintana enfermó y no pudo seguir al frente del negocio, por lo que su hijo, Miguel Ángel Juan, tuvo que tomar las riendas de la distribución. Patricia de Juan, hija de Miguel Ángel Juan, recuerda que «cuando mi abuelo enfermó, mi padre tuvo que hacerse cargo del negocio y asumir la distribución que, hasta ese momento llevaba mi abuelo, de lo contrario, la empresa habría desaparecido».
En 1981 se constituyó la sociedad Distribuciones Panarias Dispasa. Por aquel entonces, el local que tenían en Palma se les había quedado pequeño, por lo que adquirieron su primera nave en el polígono de Son Castelló, que se convirtió en su primer almacén propio. Después llegaron el primer camión y el logotipo de la empresa. Además, fueron incorporando nuevos productos a medida que la industria evolucionaba y cambiaban las formas de trabajar en las panaderías. «Aparte de la levadura, se empezaron a añadir ciertos aditivos que venían en latas. Así comenzaron a distribuirse los primeros aditivos para el pan, las barras y otros productos», recuerda Patricia Juan.
En 1996, Patricia Juan asumió la dirección de la empresa. «Con 16 años empecé a hacer recados con mi moto, aunque mi padre siempre me decía que algún día tendría que encargarme de Dispasa. Era algo que tenía grabado a fuego. Cuando cumplí 23 años le dije a mi padre que ya no hacía falta que viniera más, que yo me encargaba de todo. Así empecé a dirigir y a gestionar la empresa», cuenta Patricia Juan, quien es ahora la CEO de la empresa. No obstante, no acude diariamente a la oficina, ya que compagina la dirección de Dispasa con su otra profesión, la abogacía. «Un momento dado decidí compaginar Dispasa con mi otra pasión, el ejercicio de la abogacía», comenta. Miguel Ángel Juan Cormenzana es el actual socio mayoritario y fundador de la sociedad, aunque, a sus 80 años, «está disfrutando de la vida, goza de buena salud y no se preocupa. Hace muchos años que está jubilado», añade Patricia.
La quinta generación de la familia ya forma parte de la empresa. Jordi Mesa, hijo de Patricia de Juan, está al frente de la dirección estratégica desde febrero. «Tenía una inquietud, porque cuento con unos conocimientos que podían aportar valor a Dispasa y nunca los había aplicado. Aunque mi cargo sea el de director de estrategia, trabajo en todas las áreas en las que puedo contribuir con mi granito de arena».
En 2001 la nave de Son Castelló volvió a quedarse pequeña y la empresa se trasladó a Son Llaüt, en Santa Maria, a unas instalaciones con más del doble de espacio. «El cambio respondió, sobre todo, a una necesidad de aumentar la capacidad de almacenamiento». Hoy, la empresa cuenta con ocho trabajadores: dos repartidores fijos, un jefe de almacén, una directora comercial, un comercial, una jefa de administración, una administrativa y un director de estrategia.
La red de distribución de Dispasa abarca toda Mallorca. «Llegamos a cualquier punto de la Isla donde haya alguien que nos necesite. No tenemos ningún límite», asegura Patricia. En la actualidad disponen de dos camiones de gran capacidad y dos furgonetas capaces de transportar cerca de 1.100 kilos de mercancía. No obstante, no cuentan con una red de distribución propia en Menorca ni en Eivissa, aunque, si reciben algún pedido, se lo envían. A pesar de que la empresa distribuye principalmente a mayoristas, también hay particulares que se acercan al almacén a comprar. «Hay mucha gente a la que le encanta hacer repostería en casa y algunos productos, en formatos pequeños, les resultan muy interesantes, así que vienen a comprarlos».
La jornada en Dispasa comienza muy temprano, ya que los obradores necesitan los ingredientes a primera hora de la mañana para empezar a elaborar sus productos. Los repartidores salen cada día para abastecer a los más de 350 clientes de la empresa. Patricia explica que «estamos con el cliente cada semana e, incluso, hay ocasiones en las que acudimos más de una vez. Algunos de ellos llevan toda la vida con nosotros».
Los productos que distribuyen son muy variados. En su catálogo puede encontrarse desde cabello de ángel hasta el último sabor que se ha puesto de moda en las redes sociales. Para ofrecer esta amplia gama de productos trabajan con más de 25 proveedores. «Si algún producto se pone de moda, nosotros lo incorporamos a nuestro catálogo o, seguramente, serán los propios clientes quienes nos lo pidan porque se lo demanda el consumidor final. Tenemos que adaptarnos al mercado, ya sea por tendencias o por las necesidades de la industria, porque los procesos evolucionan constantemente», explica Jordi. Los productos proceden de empresas nacionales e internacionales. Entre las marcas con las que trabajan se encuentran son Chocovic, Ylla1878, Ireks y Credin, entre otras. «Algunas llevan toda la vida con nosotros toda la vida, como Chocovic, de la que somos distribuidores oficiales. Aunque, otras vienen y van dependiendo del mercado», señala Patricia.
En sus inicios, las comunicación con los proveedores era muy distinta a la actual. Hoy basta con un mensaje o con una llamada de telefónica para cerrar un acuerdo. Patricia cuenta que «cuando mi abuelo enfermó, mi padre tuvo que coger un avión hasta Madrid, donde estaba la sede de la fábrica de levadura en aquel momento, para explicarles la situación. Las cosas se hacían así, la gente hablaba de cara a cara y ese contacto tan cercano se está perdiendo. Mi padre viajaba para buscar fábricas con productos que le interesaban, aunque otras empresas también venían a buscarnos a nosotros». Y añade que «es muy bonito ver cómo aquellas empresas con las que empezamos también han crecido y evolucionando, y que seguimos juntos. Somos distribuidores tradicionales que seguimos conservando lo que creemos que de verdad importa».
Miguel Ángel Juan también viajó a Alemania para establecer relaciones con los proveedores del país. «Fuimos los primeros en traer producto alemán aquí. En aquella época no era algo habitual», explica Jordi. Patricia añade que «Alemania ha sido históricamente un referente en la fabricación de productos de panadería y pastelería. Iban muy por delante de España, donde todavía existía cierto retraso. Ellos ya elaboraban panes con semillas y variedades diferentes, que se introdujeron aquí gracias a nosotros. Fue algo espectacular».
Los camiones llegan a diario a Dispasa y la logística está organizada para evitar que coincidan todos el mismo día. «El día que llega la harina viene un tráiler muy grande con entre 12 y 16 palés, que entra directamente por el foso. Esa jornada está dedicada exclusivamente a la harina. Antes, cuando llegaban los contenedores, todas las se descargaban a mano y Miguel Ángel Juan organizaba cuadrillas de chicos que ayudaban en la descarga».
De cara al futuro, no descartan expandirse a Menorca o Eivissa, aunque Patricia defiende que «somos mallorquines, estamos aquí y queremos trabajar con los nuestros». Su objetivo es seguir creciendo e incorporar nuevos productos en función de las necesidades de los obradores. Sin embargo, también tiene claro cuál es la esencia de la empresa, «lo que queremos es seguir siendo quienes somos, porque si lo hacemos bien, ¿por qué cambiar? Así de simple. Aunque siempre se puede mejorar, esto lo tenemos clarísimo».