Construir menos para construir mejor. Esta es una de las máximas que definen la filosofía de Bofibiza Construccions, una empresa familiar ibicenca especializada en viviendas unifamiliares de alta gama que ha hecho de la calidad, el trato directo con el cliente y el control de la ejecución sus principales señas de identidad. Fundada en 1996 por Joan Perpinyà, arquitecto técnico, y su mujer, Maribel Bofill, la compañía afronta una nueva etapa con la segunda generación al frente, sin renunciar al modelo de trabajo que ha marcado su trayectoria.
Sus tres hijos, Juan Ramón, Jordi y Toni, representan la continuidad de un negocio que cuenta actualmente con una plantilla de alrededor de 20 trabajadores. Tras la jubilación de Joan Perpinyà hace un par de años, Jordi, también arquitecto técnico, asumió la gerencia del negocio. «Hago más de gerente que de arquitecto técnico, aunque me gustaría que fuera al revés», señala el gerente de Bofibiza.
La historia de Bofibiza está estrechamente ligada a la experiencia profesional de su fundador, que ya había desarrollado anteriormente su actividad en otras constructoras. Desde sus inicios, la firma se orientó hacia un segmento muy concreto del mercado: la construcción de viviendas unifamiliares de alto standing, con especial atención al hormigón visto y a los acabados. «Nos hemos especializado en el hormigón visto», explica Jordi Perpinyà, que señala que la empresa trabaja fundamentalmente para clientes extranjeros que buscan una segunda residencia en Eivissa. Este perfil representa aproximadamente el 90% de su clientela, según sus estimaciones.
ERPICUM.
Durante años, Bofibiza ha mantenido una estrecha vinculación profesional con el estudio del arquitecto belga Bruno Erpicum, cuyos proyectos se dirigían a clientes con elevadas exigencias en el diseño y la ejecución. La jubilación del arquitecto ha puesto fin a esa etapa, pero la relación profesional continúa a través de antiguos colaboradores de su despacho que han emprendido sus propios proyectos. De hecho, la constructora prevé iniciar dos nuevas obras con profesionales procedentes de ese entorno.
En un mercado con proyectos de elevado presupuesto y clientes que demandan un alto grado de personalización, Bofibiza defiende una estructura que permita mantener el control de todas las fases de la obra. La empresa trabaja habitualmente con entre siete y ocho proyectos simultáneos, en diferentes etapas de ejecución. La decisión de no crecer a cualquier precio responde a una cuestión de calidad, pero también de organización. «Preferimos hacer menos obras y hacerlas bien, en lugar de asumir más proyectos y perder el control», señala Jordi Perpinyà. La contratación de más trabajos de los que puede asumir su equipo obligaría a recurrir en mayor medida a subcontratas, algo que, a su juicio, puede comprometer los estándares de calidad que la empresa quiere garantizar.
Esa apuesta por una dimensión controlada también forma parte de su argumento comercial. La compañía pone en valor su permanencia en la isla, el conocimiento del sector y la posibilidad de que el cliente trate directamente con personas capaces de responder a sus necesidades. «Siempre estamos aquí, tenemos la puerta abierta y pueden hablar conmigo, con Toni o con gente que tiene capacidad para contestarles», resume el gerente.
MANO DE OBRA.
La estabilidad de la plantilla es otro de los activos que destaca la empresa. Algunos trabajadores llevan vinculados a Bofibiza desde sus primeros años, una continuidad que contrasta con las dificultades que atraviesa el sector para encontrar profesionales cualificados. Para sus responsables, la escasez de personal especializado es uno de los principales problemas que afronta la empresa. Esta falta de mano de obra lleva a recurrir cada vez más a productos semielaborados y soluciones que reducen el trabajo que debe ejecutarse directamente en la obra. Un cambio que, según los Perpinyà, responde en parte a la dificultad de encontrar profesionales capaces de desarrollar determinados oficios con la experiencia y las técnicas tradicionales.
La insularidad, no obstante, no influye en la disponibilidad de materiales para una empresa que trabaja en viviendas de alto presupuesto. Bofibiza recurre a proveedores de distintos países para incorporar piedra, revestimientos y otros elementos específicos. El problema se encuentra más en el coste y en los plazos de suministro que en la posibilidad de conseguir los productos. «En Eivissa no nos cuesta encontrar materiales; lo que nos cuesta es que los precios sean razonables», explica Jordi Perpinyà. La insularidad condiciona los costes de una actividad que utiliza materiales procedentes de mercados muy diversos, mientras que la evolución internacional de los precios repercute directamente en los presupuestos.
La empresa cita el hormigón, cuyo precio en una década se ha más que duplicado. El encarecimiento también ha afectado al hierro, la madera, los combustibles y otros componentes de la construcción.
A esa presión se suma el incremento de los costes laborales. Los trabajadores también afrontan el encarecimiento general de la vida y necesitan mejoras salariales, pero trasladar todas esas variaciones al presupuesto resulta especialmente complicado cuando una obra ya está en marcha y las condiciones económicas se han pactado con anterioridad.
La evolución del mercado residencial ibicenco plantea otro desafío para las constructoras especializadas en viviendas unifamiliares. Bofibiza no detecta una caída de la demanda entre sus clientes habituales, pero sí considera que las limitaciones urbanísticas, la reducción de los volúmenes edificables y la lentitud administrativa condicionan el desarrollo de nuevos proyectos. Por ello, la empresa prevé que una parte creciente de su actividad se desplace hacia la reforma y actualización de viviendas existentes. Un ejemplo son dos casas construidas hace unos 30 años por la propia familia Perpinyà cuyos propietarios han vuelto a confiar en la empresa para modernizarlas.
«Nuestro mercado irá más hacia reformar viviendas que ya se construyeron hace muchos años y actualizarlas», apunta Jordi Perpinyà. El gerente defiende las restricciones a la construcción por razones ambientales y considera que una vivienda de unos 250 m2 es más que suficiente para una familia. Su discrepancia se centra en los procedimientos administrativos, no en la necesidad de limitar el crecimiento urbanístico. «Estoy de acuerdo en que se limite la construcción y en que no se puede construir toda la isla. Lo que me parece mal es que, cuando pides un permiso, puedan pasar tres o cuatro años y te sigan solicitando documentación», sostiene.
La filosofía empresarial de Bofibiza conserva algunos de los principios que Joan Perpinyà transmitió a sus hijos. La prudencia, la honestidad y la importancia de los proveedores locales siempre que sea posible, incluso cuando el coste sea algo superior. Una decisión que, a largo plazo, contribuye a mantener relaciones comerciales y a reforzar el tejido económico de la isla.