Hay una Ibiza que se deja ver con mayor claridad cuando termina el verano. La luz pierde dureza, las temperaturas se vuelven más amables y el ritmo de la isla vuelve a acompasarse con el paisaje. Es entonces, cuando las playas recuperan espacio y el norte se hace todavía más silencioso, más respetuoso y más propicio para reconectar con nosotros mismos y disfrutar del verdadera paraíso. En este contexto Hacienda Na Xamena se convierte en uno de esos lugares a los que apetece llegar sin mirar el reloj para quedarse y descubrir todo aquello que suele pasar inadvertido durante los meses de mayor intensidad.
A 180 metros sobre el Mediterráneo y rodeado por 150 hectáreas de naturaleza en Sant Miquel de Balansat, este hotel, que es en sí mismo una auténtica joya arquitectónica, no entiende el otoño como una prolongación del verano, sino como una invitación a vivir la isla de otra manera a turistas y residentes. Aquí una estancia puede comenzar acercándose a la memoria rural de Ibiza, continuar alrededor de una mesa suspendida sobre el horizonte y terminar escuchando música en su propio anfiteatro excavado en la montaña, mientras la tarde se apaga lentamente frente al mar. Un establecimiento concebido para vivirlo y disfrutarlo ya sea de día o de noche.
Música cuando se encienden las velas
Dentro de esa forma más lenta y emocional de vivir la isla se enmarca Candlenight Experience, que regresará el próximo viernes 16 de octubre al anfiteatro de Hacienda Na Xamena. La velada comenzará a las 18:30 horas con un cóctel de bienvenida frente al acantilado y continuará con un concierto en vivo iluminado por centenares de velas, mientras desaparece la luz natural y el Mediterráneo se convierte en el telón de fondo.Tras la actuación, la experiencia se trasladará al restaurante Edén, donde los asistentes disfrutarán de una cena concebida para prolongar la noche alrededor de la mesa. Más que un acontecimiento aislado, Candlenight resume la filosofía del hotel al reunir paisaje, cultura y gastronomía sin alterar el ritmo del lugar, dejando que sean la música, el silencio del norte y la luz cálida de las velas los que construyan el recuerdo.
La experiencia completa tendrá un precio de 165 euros por persona e incluirá el cóctel de bienvenida en el anfiteatro, el concierto en vivo y la cena en el restaurante Edén. Las bebidas durante la cena no están incluidas. Esta experiencia está abierta a huéspedes y residentes hasta completar aforo.
La Ibiza que vuelve a su origen
Fundada en 1969 por el arquitecto belga Daniel Lipszyc, Hacienda Na Xamena nació del deseo de integrarse en el entorno y establecer una relación profundamente humana con quienes llegaban a la isla. Más de medio siglo después, esa filosofía continúa presente en una arquitectura que parece brotar de la montaña y en una forma de recibir que concede tanto valor al paisaje como al tiempo necesario para contemplarlo.Uno de los recorridos que mejor permite comprender esa conexión conduce hasta la finca tradicional del propio hotel, donde el visitante puede aproximarse a la auténtica vida antigua de Ibiza. En una isla que durante décadas ha sido contada sobre todo desde sus playas y sus noches, adentrarse en ese legado supone descubrir una identidad más íntima, ligada al territorio, a la autosuficiencia y a una manera pausada de habitar el paisaje que el otoño ayuda a percibir con una nitidez especial.
La experiencia invita a detenerse ante esa Ibiza anterior a la prisa, entender la relación que sus habitantes mantuvieron con la tierra y reconocer que buena parte del carácter de la isla continúa naciendo lejos del ruido. No se trata únicamente de mirar hacia el pasado, sino de encontrar en él una forma muy actual de viajar, más consciente, curiosa y conectada con el lugar que se visita.
Gastronomía en el punto más alto de la isla
El otoño también llega a la mesa de Hacienda Na Xamena. En el restaurante Edén, la cocina apuesta por el producto, la estacionalidad y una relación directa con el territorio y con la finca tradicional del hotel, construyendo una propuesta en la que el paisaje no funciona como un simple decorado, sino como una parte inseparable de la experiencia.
Esa sensación alcanza su expresión más singular en los Nidos, tres mesas circulares privadas situadas en el punto más alto del establecimiento, desde las que se contempla la única puesta de sol de 360 grados de Ibiza. Un espacio único que nos permite entender por qué, en determinados lugares, la gastronomía va más allá de los platos y permanece en la memoria mucho después del último.
Bienestar suspendido entre el cielo y el mar
La misma relación con el entorno guía la propuesta de bienestar del Spa La Posidonia, reconocido por su circuito de hidroterapia al aire libre en las icónicas Cascadas Suspendidas. Frente al Mediterráneo, el recorrido permite alternar agua, silencio y paisaje en un escenario que durante el otoño recupera una serenidad difícil de encontrar en otros momentos del año.
A ello se suman tres piscinas, dos al aire libre y una cubierta, además de espacios pensados para descansar, leer, jugar o sencillamente contemplar cómo cambia la luz sobre el mar. Porque la desconexión, en Hacienda Na Xamena, no depende de llenar la agenda, sino de recuperar la libertad de decidir qué hacer con el tiempo
Dormir en la otra Ibiza
Con 77 habitaciones y suites abiertas al Mediterráneo, Hacienda Na Xamena propone una escapada en la que cada experiencia conduce a la siguiente de forma natural. El día puede comenzar recorriendo la finca tradicional, continuar entre las aguas de La Posidonia y terminar en los Nidos, en Edén o bajo la luz de las velas del anfiteatro, pero también puede transcurrir sin más plan que escuchar el silencio y observar el horizonte.
Quizá sea precisamente eso lo que convierte al otoño en uno de los mejores momentos para descubrir el hotel, cuando la isla se desprende de lo accesorio y recupera su esencia. Con menos ruido, temperaturas más suaves y una luz distinta, Ibiza vuelve a parecerse a sí misma, y desde este refugio suspendido sobre el Mediterráneo resulta mucho más fácil comprender todo aquello que la hace difícil de explicar y todavía más difícil de olvidar.