Bajo el lema "#PorLosQueNoTienenVoz", los agentes advierten que no sirve de nada dejar las ventanillas entreabiertas; el riesgo de sufrir un golpe de calor grave o mortal es inminente en muy pocos minutos, por lo que, nunca se debe dejar a un animal solo dentro de un vehículo.
La realidad es alarmante: con una temperatura exterior de 35 °C, el interior del coche alcanza los 52 °C en apenas diez minutos, y si el mercurio llega a los 40 °C, el habitáculo se dispara hasta los 57 °C. Ante este escenario, es vital reconocer las señales de alarma: si ves a tu perro jadeando en exceso, con dificultades para respirar, salivando mucho, con las encías en tonos rojizos o azulados, desorientado, débil, o si llega a vomitar, sufrir diarrea, convulsiones o perder el conocimiento, el peligro es extremo.
Si te encuentras en esta situación, la reacción debe ser rápida pero precisa. Lo primero es sacar al animal del vehículo y llevarlo a un lugar fresco o con sombra. Debes refrescarlo usando agua fresca, nunca helada ni hielo directo, en puntos clave como las almohadillas, ingles, axilas, abdomen y cuello. Si puedes usar un ventilador para ayudar a la evaporación, mejor, y ofrécele agua fresca en pequeñas dosis sin forzarle. Es importante dejar de enfriarlo en cuanto su temperatura baje a 39,5 °C y acudir urgentemente al veterinario, sin importar si parece que se ha recuperado.
Evita a toda costa cubrirlo con toallas mojadas durante mucho tiempo porque bloqueas la disipación del calor, y no esperes a ver si mejora por sí solo. La Guardia Civil es tajante: si ves a un animal encerrado en estas condiciones, llama directamente al 112. Al final, cuidar de ellos es nuestra responsabilidad; no los dejes, protégelos.