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Dmytro Rukin: por qué las empresas que operan a escala internacional deben pensar como ingenieros, no como vendedores

Dmytro Rukin: por qué las empresas que operan a escala internacional deben pensar como ingenieros, no como vendedores. | Foto: R.I.

| Ibiza |

La primera vez que vi a una empresa exportar su manual de marketing a otro país sin cambiarle una sola línea, supe exactamente cómo iba a acabar la historia. En casa había funcionado de maravilla. La misma campaña, el mismo embudo, las mismas promesas, trasplantadas a un mercado con otras reglas, otros hábitos de compra, otras razones para confiar en una marca. Seis meses después, los números eran un cementerio. El manual nunca fue el problema. El problema fue dar por hecho que un manual viaja.

Soy Dmytro Rukin, CEO de Victo Postanova, y llevo años viendo cómo la expansión internacional triunfa y fracasa entre Europa y América Latina. El patrón detrás de los fracasos es llamativamente constante. Las empresas se expanden copiando lo que funcionó, cuando deberían reconstruir el sistema para el terreno que ahora tiene que sostenerlo. Esa diferencia, entre copiar un resultado y diseñar para una carga nueva, es todo el juego.

¿Cuál es la verdadera diferencia entre la mentalidad de un vendedor y la de un ingeniero?

Un vendedor vende primero el resultado y trabaja hacia atrás. El pitch es el producto. Consigue el sí y luego ya veremos cómo se entrega. Ese instinto tiene un valor enorme, y en un mercado propio, donde ya conoces al cliente, hace que todo avance rápido. El problema empieza cuando ese mismo

instinto cruza una frontera. Vender un resultado que no has verificado, en un mercado que todavía no entiendes, es la forma más segura de acabar con un contrato firmado que no puedes cumplir.

Un ingeniero arranca por un lugar menos vistoso. Antes de que nadie hable del acabado, se pregunta si la estructura aguanta el peso. ¿Cuál es la carga real aquí? ¿Dónde están los puntos de fallo? ¿Qué pasa bajo tensión que nunca apareció en el laboratorio? En términos de marketing, eso significa preguntarse a qué responde de verdad un comprador español antes de suponer que una campaña pensada para otra audiencia va a funcionar igual de bien en Madrid o en Valencia.

España enseña bien esta lección. Una empresa que llega desde el norte de Europa o desde Estados Unidos suele suponer que el mercado español es una versión más ligera de uno que ya conoce. Y entonces choca con lo concreto. Los ciclos de compra se mueven por relación y por confianza construida con el tiempo, no a la velocidad que espera un manual extranjero. Las preferencias de pago, las normas de facturación, hasta el ritmo del calendario comercial funcionan distinto. El ingeniero ve todo eso como hechos estructurales alrededor de los cuales diseñar. El vendedor lo trata como un estorbo que hay que empujar a la fuerza, y empujar a la fuerza sale caro.

¿Por qué el enfoque comercial da resultados rápidos pero frágiles fuera de casa?

Porque vender un resultado genera impulso antes de que exista la base para sostenerlo. En un país nuevo puedes conseguir victorias tempranas a base de energía y presupuesto, y esas victorias se sienten como validación. Después la estructura de abajo, la localización que te saltaste, los supuestos que nunca pusiste a prueba, empieza a ceder. El crecimiento montado sobre un modelo sin verificar no se estanca con suavidad. Se resquebraja, y normalmente justo cuando has escalado el gasto para igualar los números iniciales.

Lo he visto con claridad en la mensajería. Una propuesta de valor que funciona en un mercado europeo se traduce, no se reconstruye, para el siguiente. Las palabras quedan correctas y el significado queda muerto, porque lo que la hacía persuasiva en casa nunca fueron las palabras. Era el contexto compartido. Un ingeniero habría comprobado si ese contexto existe en el nuevo mercado antes de gastar un euro amplificando un mensaje que, en silencio, no le dice nada a quien lo recibe.

¿Cómo se ve en la práctica el enfoque de ingeniería aplicado al marketing?

Se ve como tratar cada mercado nuevo como un conjunto de hipótesis en lugar de un conjunto de certezas. Llegas asumiendo que estás equivocado en casi todo, y luego averiguas dónde, barato y rápido, antes de los compromisos caros. Pruebas pequeñas, datos locales reales, una lectura honesta de lo que dicen los números y no de lo que te gustaría que dijeran.

En concreto, en un mercado como España, eso significa poner tu posicionamiento a prueba con un segmento local pequeño antes del lanzamiento completo, mirar en qué canales confía de verdad una audiencia española y dejar que los datos reestructuren el plan. Significa una localización que va más allá del idioma, hasta la mecánica de cómo se hacen los negocios aquí. Y significa resultados medibles en cada paso, para saber si la estructura aguanta antes de añadirle peso. Este trabajo es más lento al principio y muchísimo más barato al final, porque dejas de pagar la misma lección una y otra vez en distintas monedas.

¿Por qué en 2026 van a ganar las empresas con mentalidad de ingeniería?

El marketing se ha convertido, en silencio, en una disciplina medible, y las empresas que todavía lo tratan como un acto puramente creativo compiten con una mano atada. En 2026, los equipos que se despegan en los mercados internacionales son los que llevan el marketing como una función de ingeniería. Hipótesis, pruebas controladas, datos limpios, decisiones que siguen la evidencia y no la intuición. La creatividad sigue importando muchísimo, y hace su mejor trabajo dentro de una estructura que se ha puesto a prueba, apuntada a la audiencia correcta y demostrada capaz de sostener la carga.

Esa es la conclusión que le daría a cualquier empresa que mire hacia un país nuevo. Antes de exportar la campaña que te hizo triunfar, ponte en el mercado nuevo y hazte la pregunta de un ingeniero. ¿Esta estructura aguanta el peso que está a punto de cargar aquí? Responde eso con honestidad, construye para esa respuesta, y la expansión deja de ser una apuesta. Sáltate la pregunta, y estarás vendiendo un resultado que no tienes forma de entregar, en un mercado que te va a mandar la factura.

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