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Disfrutar de la piscina también en invierno: consejos para aprovecharla durante los meses fríos

Disfrutar de la piscina también en invierno: consejos para aprovecharla durante los meses fríos. | Foto: R.I.

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Solemos asociar la piscina al verano, a los días largos y al calor, pero eso no significa que tenga que quedarse sin uso durante todo el invierno. Con algunos cuidados puedes seguir disfrutándola también en los meses más fríos, por ejemplo utilizando unas cubiertas para piscinas, que ayudan a mantenerla en mejores condiciones durante esta época del año.

Una cubierta puede cambiar mucho el uso de la piscina en los meses más fríos

En Ibiza los inviernos suelen ser suaves, pero el viento, la humedad y el descenso de las temperaturas al final del día pueden enfriar el agua más rápido de lo que parece. Si además la piscina queda completamente expuesta, es más fácil que hojas, polvo y suciedad terminen dentro, así que una cubierta rígida puede ayudarte tanto a mantener el agua más limpia como a aislar parte del espacio que la rodea.

Si la piscina es pequeña o prefieres que la estructura pase lo más desapercibida posible, un modelo bajo puede ser suficiente sin ocupar demasiado visualmente.

Si tienes más espacio y quieres seguir moviéndote con comodidad alrededor del agua durante los meses más frescos, una cubierta alta permite crear una zona mucho más aprovechable.

Las soluciones telescópicas resultan útiles si no quieres renunciar a tener la piscina completamente abierta cuando hace buen tiempo. La estructura puede recogerse durante los días más agradables y volver a cerrarse cuando sople más viento, baje la temperatura o quieras evitar que entre suciedad.

Las cubiertas planas responden a una necesidad diferente, ya que algunos modelos permiten utilizar también la superficie superior cuando la piscina está cerrada. Puede ser una opción interesante cuando quieres recuperar parte del espacio de la terraza o del jardín durante los periodos en los que utilizas menos la piscina. Entre los distintos modelos de Cupoola hay soluciones bajas, altas, telescópicas y planas, por lo que conviene comparar el espacio disponible, las dimensiones de la piscina y el uso que quieres darle durante los meses más fríos.

Mantener el agua a una temperatura agradable

Durante el invierno, la temperatura del agua es uno de los factores que más condicionan el uso de la piscina. En una piscina climatizada, muchas personas se encuentran cómodas alrededor de los 26 o 28 grados, aunque la temperatura adecuada depende de si vas a nadar, hacer ejercicio o simplemente permanecer un rato dentro del agua.

Una bomba de calor es una de las opciones más habituales para mantener esa temperatura, aunque también existen sistemas eléctricos, solares o instalaciones conectadas a la calefacción de la vivienda. La elección depende del tamaño de la piscina, de la frecuencia con la que la uses y de las condiciones climáticas durante los meses más fríos.

Las bombas de calor aprovechan parte de la energía presente en el aire exterior y la transfieren al agua, por lo que es importante elegir un equipo adecuado para el volumen de la piscina. Si la potencia es insuficiente, necesitará más tiempo para alcanzar la temperatura deseada y tendrá que trabajar durante más horas.

Los sistemas eléctricos suelen ser sencillos de instalar, aunque normalmente tienen un consumo mayor, mientras que la energía solar puede servir como apoyo cuando la orientación y las horas de sol lo permiten. Antes de elegir un sistema conviene calcular cuánto tiempo vas a utilizar realmente la piscina y qué temperatura quieres mantener.

¿Hay que vaciar la piscina en invierno? No siempre

Aunque sigas utilizando la piscina durante parte del invierno, puede haber semanas en las que apenas entres en el agua. En esos periodos no siempre conviene vaciarla por completo, especialmente cuando se trata de una piscina enterrada.

Mantener el agua puede ayudar a proteger la estructura, y algunos revestimientos están preparados para permanecer en contacto con ella durante periodos prolongados. La piscina tampoco necesita el mismo ritmo de mantenimiento que en pleno verano, pero conviene revisar de vez en cuando el estado del agua y comprobar que el sistema de filtración funciona correctamente.

Antes de dejarla varias semanas con poco uso, una limpieza completa y una buena protección reducen la posibilidad de encontrar después agua turbia, suciedad acumulada o pequeños problemas que podrían haberse detectado antes. Con controles periódicos y un mantenimiento básico, recuperar el uso habitual cuando vuelvan las temperaturas más suaves resulta mucho más sencillo.

Iluminación y comodidad durante las horas de menos luz

Durante el invierno anochece mucho antes, así que es fácil acabar utilizando la piscina cuando ya no queda luz natural. Conviene iluminar bien tanto el interior como el borde, los escalones, las escaleras y el camino que lleva hasta la casa, especialmente cuando el suelo está mojado y aumenta el riesgo de resbalar.

Las luces subacuáticas permiten ver mejor dentro del agua y también ayudan a crear un ambiente agradable, mientras que la iluminación exterior evita que queden zonas oscuras en los puntos por los que vas a pasar. Si para entrar en casa tienes que atravesar parte del jardín o caminar por superficies que permanecen húmedas, una iluminación uniforme hace que el recorrido resulte mucho más cómodo.

Al salir del agua, el cambio de temperatura se nota bastante más que en verano, por lo que tener la toalla, el albornoz y las chanclas preparados cerca del borde evita tener que cruzar el jardín antes de secarte y abrigarte. Si además cuentas con una zona protegida del viento cerca de la piscina, el paso del agua al exterior resulta bastante más agradable durante las tardes y noches más frescas.

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