Un día más, las tropas del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, han atacado el reparto de ayuda humanitaria en Gaza con consecuencias devastadoras y un total de 73 gazatíes han sido masacrados. Desgraciadamente, este tipo de ataques contra la población civil se repiten con demasiada frecuencia, por lo que ya es un clamor internacional la petición de un alto el fuego duradero en la zona. Los gazatíes están sufriendo un bloqueo militar sobrehumano, con bombardeos continuos por parte del todopoderoso ejército israelí.
Tel Aviv sostiene que los objetivos atacados son terroristas o miembros de Hamás, pero lo cierto que es mueren niños, mujeres y ancianos que no tienen nada que ver con los milicianos palestinos. Es un acoso insoportable, que está provocando que buena parte de la población no tenga acceso a víveres o agua, algo del todo intolerable. Además, la imagen de Israel se ha visto seriamente dañada a nivel internacional, porque casi nadie entiende cómo puede cometer estas barbaridades con total impunidad.
Una generación perdida.
Los analistas apuntan, también, a que la inteligencia israelí se equivoca si piensa que podrá reducir a los gazatíes con bombas y masacres. Muy al contrario, están acabando con una generación de niños y jóvenes que, posiblemente, alberguen un odio total hacia los judíos y, en cuanto tengan ocasión, podrían intentarse vengarse de ellos.
El apoyo estadounidense.
De lo que no cabe duda es de que Israel, sin el apoyo incondicional de Donald Trump y de la Casa Blanca, no estaría en condiciones de llevar a cabo estos ataques que han sido calificados por muchos como un genocidio. Los norteamericanos no pueden permitir por más tiempo que un personaje como Netanyahu cometa crímenes contra la humanidad y salga políticamente reforzado. El mundo no lo puede tolerar.