La entrada este miércoles de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en la sede federal del PSOE en la calle Ferraz, en Madrid, constituye uno de esos acontecimientos que trascienden la mera crónica judicial para instalarse de lleno en el corazón político e institucional de España. La investigación abierta por el juez Santiago Pedraz, en el marco del llamado caso Leire, afecta ya a antiguos dirigentes socialistas y a responsables orgánicos del partido, mientras la UCO busca documentación relacionada con pagos y maniobras para interferir en investigaciones judiciales. En este contexto, el juez ubica la creación de una «trama» para «desestabilizar las causas que rodean al PSOE a partir de los cinco días de, en teoría, reflexión que se tomó el presidente del Gobierno. Así, Santos Cerdán habría encargado a Leire Díez (más conocida como ‘fontanera’ del PSOE) la «coordinación y ejecución de una serie de actuaciones, penalmente relevantes, con el propósito de desestabilizar de forma sistema cualquier procedimiento judicial o actuación policial que pudiera impactar directa o indirectamente en los intereses del PSOE y del Gobierno». Dicho en otras palabras: presuntamente el PSOE habría estado pagando a la ‘fontanera’, así como a periodistas y otras figuras, para ‘escarbar’ y conseguir información que desviara la atención sobre el foco de los escándalos relacionados con el PSOE y el Gobierno de Pedro Sánchez. El escándalo político es mayúsculo e histórico en este país.
Sospechas.
Lo preocupante no es solo la investigación en sí sino el clima que la rodea. Durante meses, el debate público español se ha ido contaminando de sospechas cruzadas, descalificaciones a jueces, ataques a fiscales y cuestionamientos permanentes a las fuerzas de seguridad. El hecho de que la investigación apunte precisamente a una presunta estrategia para desacreditar a la propia UCO y obstaculizar causas judiciales añade un componente inquietante y muy oscuro.
El PSOE, hundido.
Pedro Sánchez compareció ante los medios de comunicación este miércoles por la mañana y reiteró que en su mente sigue sin aparecer la idea de convocar elecciones anticipadas. Sus socios de gobierno, por el momento, siguen criticando con la boca pequeña todo lo que está pasando, mientras la oposición les anima a dejar a apoyarle. En el horizonte sigue existiendo el posible escenario de una moción de censura impulsada por el PP, algo que por el momento no parece que se vaya a materializar. En cualquier caso, este truculento episodio ha hundido aún más el socialismo, su imagen y al ‘sanchismo’. Y una cosa está clara: quien lo paga son los ciudadanos, pues tal y como reseñó este miércoles la presidenta Prohens si algo no está haciendo Pedro Sánchez es gobernar.