Las listas de espera vuelven a situarse entre las principales preocupaciones de la sanidad pública balear. Un año después de los preocupantes datos registrados al inicio del verano de 2025, las cifras no solo no han mejorado sino que evidencian un deterioro tanto en las consultas con especialistas como en la actividad quirúrgica. El incremento de pacientes pendientes y el aumento de los tiempos medios de espera reflejan un sistema sometido a una presión creciente que exige respuestas inmediatas. Sería simplista atribuir este empeoramiento a una única causa. El envejecimiento de la población, el aumento de las tarjetas sanitarias y la mayor complejidad asistencial explican parte del problema. Sin embargo, la prolongada huelga médica ha agravado una situación ya tensionada de por sí, con consecuencias que acaban pagando los pacientes. Resulta preocupante que un conflicto laboral de alcance nacional siga condicionando la capacidad de respuesta de los servicios sanitarios sin que las administraciones implicadas hayan logrado una solución negociada.
Reacción.
La mejora en el número de pacientes que esperan más de un año para una consulta constituye una excepción positiva, pero insuficiente frente al crecimiento generalizado de las demoras. La sanidad pública no puede normalizar listas de espera cada vez más largas ni confiar únicamente en que el conflicto se resuelva por sí solo.
Medidas concretas.
Las propuestas planteadas para incentivar la actividad extraordinaria o reforzar las derivaciones deben ser estudiadas con rigor, del mismo modo que los planes de contingencia anunciados por el IB-Salut deberían traducirse en medidas concretas y transparentes. Al mismo tiempo, es vital que Mónica García, ministra de Sanidad, atienda y negocie las peticiones de los médicos, profesionales que han demostrado con la huelga que cuando paran o ralentizan su actividad, puede colapsar el sistema sanitario.
Garantizar una atención sanitaria en tiempos razonables requiere coordinación institucional, capacidad de gestión y voluntad política. Porque detrás de cada estadística hay personas.