Los datos turísticos de junio dejan una fotografía que merece una reflexión serena. Ibiza y Formentera han recibido menos turistas y han registrado menos pernoctaciones que hace un año. Sin embargo, el gasto turístico ha aumentado casi un 6 % y el desembolso por visitante se ha situado en el más alto de Baleares. A primera vista, parece la confirmación de un objetivo que durante años ha presidido el discurso institucional: crecer más en calidad que en cantidad. Pero conviene no caer en el triunfalismo. Porque la gran pregunta no es cuánto gasta el turista, sino dónde termina ese dinero. Si el incremento del gasto responde únicamente al encarecimiento de hoteles, vuelos o servicios, estaremos ante una mejora estadística que no necesariamente implica una mayor riqueza para las Pitiusas. Y si ese gasto se concentra en unos pocos sectores mientras el comercio, la restauración o las pequeñas empresas apenas perciben sus efectos, el modelo seguirá presentando desequilibrios.
No vale con gastar más
Las declaraciones de las patronales reflejan precisamente esa realidad. Mientras el sector hotelero destaca la mejora de la rentabilidad, el pequeño comercio advierte de que el turista compra menos que hace unos años y la restauración reconoce que afronta una temporada mucho más complicada de lo que reflejan las grandes cifras. El crecimiento económico pierde parte de su sentido cuando no se distribuye de manera razonablemente equilibrada. Ibiza y Formentera llevan años defendiendo que no pueden seguir aumentando indefinidamente el número de visitantes. Los datos de junio parecen apuntar en esa dirección y eso, en sí mismo, es una buena noticia. Sin embargo, el éxito de ese cambio no puede medirse únicamente por la facturación hotelera o por el gasto medio por visitante. También debe apreciarse en la salud del comercio local, en la actividad de los restaurantes, en definitiva, en todo el tejido económico que da empleo a miles de residentes.
Bienestar para todos
El objetivo no debe ser simplemente atraer a un visitante que gaste más, sino conseguir que ese gasto se reparta mejor. Que quien llega a las islas no solo duerma en un hotel o pague un alojamiento más caro, sino que consuma en los mercados, compre en los comercios y disfrute de la gastronomía local. Porque el verdadero indicador del éxito turístico no será cuánto dinero entra en las Pitiusas, sino cuántos sectores pueden vivir dignamente de él.