La imagen de los cinco municipios de Ibiza y de Formentera, así como del resto de Islas, llenos de ciudadanos en apoyo a Ceuta tiene un significado que trasciende la legítima disputa partidista. Miles de personas han querido dejar claro desde diferentes puntos de Baleares que la ciudad autónoma no está sola, que forma parte de España y que lo ocurrido en su frontera no puede contemplarse como un problema lejano que afecta únicamente a quienes viven al otro lado del Estrecho. Ese mensaje de solidaridad merece ser escuchado. Ceuta atraviesa una situación extraordinaria y extremadamente grave, después de una invasión de inmigrantes que ha puesto al límite sus recursos y ha generado una profunda preocupación entre sus ciudadanos. Ante una situación de esta magnitud, España necesita una respuesta firme, coordinada y, sobre todo, responsable. No se puede caer en extremismos, de uno y otro color, ni tampoco hacer como si no ocurriera nada, que es lo que ha hecho con muy poca fortuna el Ejecutivo liderado por un presidente que, en plena crisis en Ceuta, estaba de vacaciones en Canarias. El Gobierno tiene la obligación de demostrar una firmeza y una gestión que se presupone a los servidores públicos pero que, por desgracia, no siempre es una realidad.
Hartazgo ciudadano.
Pero precisamente por la gravedad de lo sucedido, Ceuta no debería convertirse en otro campo de batalla de la política española. Las diferentes concentraciones a lo largo y ancho de todo el país deben servir de ejemplo del poder que tiene la ciudadanía para manifestar su hartazgo ante la inacción de uno de los principales problemas que preocupan a los españoles, como es la inmigración descontrolada.
Ceuta es España.
Ibiza y el resto de Islas hicieron este miércoles algo muy importante: recordar que la solidaridad entre españoles no entiende de distancias. Ahora corresponde a las instituciones estar a la altura de las circunstancias. Ceuta necesita recursos, seguridad, coordinación y soluciones. Y España necesita una política migratoria que combine firmeza, liderazgo y humanidad. Porque Ceuta es España. Y afrontar lo que está ocurriendo allí es responsabilidad de todos.