El discurso de Marga Prohens en la Nit del Turisme celebrada este miércoles marca un cambio de coordenadas que merece ser atendido. «Baleares ya no puede crecer en volumen, sino que ahora solo queda crecer en valor», afirmó la presidenta del Govern. No es una frase menor para unas Islas que durante décadas han medido buena parte de su éxito turístico en número de visitantes, plazas y conectividad. Asumir que ese modelo tiene un límite supone reconocer que el crecimiento por sí mismo ya no puede ser el principal objetivo.
Asumir que el crecimiento tiene límites
Lo relevante de este planteamiento es que sitúa la calidad y la sostenibilidad del modelo en el centro de la estrategia turística. Contener la oferta, combatir la ilegalidad, ordenar los flujos de visitantes y avanzar hacia una mayor calidad del gasto son políticas que responden a una preocupación cada vez más extendida: la necesidad de que el turismo siga siendo una fuente de prosperidad sin deteriorar aquello que hace de Balears un destino atractivo y, sobre todo, un lugar habitable para sus residentes. No se trata de crecer menos por crecer menos, sino de conseguir que cada vez haya más valor económico y social detrás de la actividad turística. Balears no parte de cero: ha demostrado durante décadas su capacidad para innovar, transformar y marcar tendencias en un sector en el que es un referente internacional. Ahora tiene la oportunidad de volver a demostrarlo liderando también esta nueva etapa.
Una estrategia sostenida
El reto será convertir ese cambio de discurso en una estrategia sostenida. Pero la primera condición para cambiar un modelo es reconocer que ha llegado el momento de hacerlo. Y eso es precisamente lo que ha hecho la presidenta Prohens: colocar el límite, la contención y el valor en el centro del debate turístico de Balears. Es un cambio de coordenadas importante que abre una nueva etapa para el principal motor económico de las Islas.