Este miércoles el Congreso someterá a votación las enmiendas a la totalidad presentadas por PP, Vox y Junts a la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales. Se trata de una medida beneficiosa para los trabajadores del país, pero en la práctica, podría no contar con la anuencia de la mayoría de diputados. Yolanda Díaz, líder de Sumar, insiste en llevar a votación una propuesta que puede ser rechazada por el Parlamento, pues no cuenta con los apoyos necesarios. La táctica es clara: aparentar que existe una mayoría sólida, cuando en realidad la coalición de Gobierno se mueve a golpe de urgencia y sin consenso. No es un debate ideológico, sino un síntoma de gestión temeraria. Porque insistir en aprobar leyes «como si tuvieran mayoría» supone un riesgo innecesario para la credibilidad del propio Gobierno y para su propia estabilidad. El problema no es la medida concreta —la reducción de jornada—, sino la forma en que se gestiona. Un Gobierno que no asegura los consensos antes de poner un asunto en votación está jugando con fuego. La política no es un escenario de voluntarismo; requiere diálogo, negociación y, sobre todo, reconocimiento de los límites de poder. Saltarse estos pasos debilita al Ejecutivo de Pedro Sánchez y erosiona la confianza de los ciudadanos. La insistencia en lanzar propuestas sin respaldo político suficiente, es un ejemplo de cómo el voluntarismo se convierte en obstinación. Y los españoles, mientras tanto, observan con escepticismo cómo la política se transforma en espectáculo, más preocupada por la foto que por la efectividad. Gobernar sin mayoría no es valentía, es irresponsabilidad. Y ya podemos vaticinar que los líderes de PSOE y Sumar, si su iniciativa fracasa, culparán a PP y Vox, aunque sea JuntsxCAT quien entierre la reducción de jornada. Lo hemos visto muchas veces antes.
Opinión
El riesgo de la obstinación
Una persona trabajando. | Foto: Memin Sito/Pixabay
Joan Miquel Perpinyà | Ibiza |