Sobre el impacto de la eliminación de todos los anuncios de alojamientos ilegales en la plataforma AirBnb se está escribiendo mucho en prensa nacional y local, pero me gustaría hacer una serie de reflexiones que irán mucho más allá del hito histórico y que abren mucho más el foco.
Hemos conseguido ser la primera región de España que consigue, desde el diálogo y el acuerdo entre sector turístico legal y plataformas, eliminar el gran grueso de anuncios que no tenían número de licencia. Hoy hay unos 2.900 anuncios ilegales menos que hace un año, lo que representa la eliminación del mapa de 14.500 camas al día que no debían estar ofreciéndose a turistas en un sólo click.
Pero algunos se están quedando con la superficie de la cuestión y no yendo al fondo del asunto. Si llevamos años trabajando para poder llegar a este objetivo y hemos sido los primeros de España, no es por el hecho en sí mismo, sino por lo que conlleva: menos impacto en la isla y el saneamiento del mercado alojativo apostando por los anuncios legales.
Y aquí está lo importante, señores. No es si hoy hay dos o tres anuncios con un tipi, una caravana o un número falso. Esos anuncios residuales serán retirados y, más importante aún, sus reservas canceladas. Lo verdaderamente importante es en qué se ha traducido que lo hayamos conseguido durante todos estos meses de verano, y ahí la cuestión no va de anécdotas sino de números incuestionables.
El Sistema de Inteligencia Turística del Consell ha contabilizado los móviles que había sobre la isla pertenecientes a turistas durante los meses de abril a agosto del año pasado y de este. Este sistema no falla, cuenta todos los móviles sobre la isla, su procedencia, su periodo de estancia y por dónde transitan. Y la cifra media diaria que arroja el dato, confirma lo que mucha gente afirma: hay menos turistas. En concreto, hay 2.000 turistas menos cada día en la isla de ibiza comparando este año con el 2024. Y aquí es cuando los datos se ponen interesantes porque, por contra, del menor número de turistas que han venido cada día, las reservas legales han aumentado en casi 5.000 personas día, hecho confirmado por la Federación Hotelera y por AVAT por la parte de la vivienda turística.
En resumen, han venido menos turistas, y los que han venido se han alojado más en establecimientos legales. En claro: al día ha habido de media diaria 7.000 turistas menos en oferta ilegal. Esto no va de si hay un anuncio ilegal en AirBnb o cualquier otra plataforma, va de que hemos conseguido reducir parte de la huella del turismo y reconducir otra parte a la legalidad. Ese es el debate serio, lo demás es superficialidad.
Hay una reducción neta de presencia diaria de turistas asociada a la eliminación de oferta de baja calidad que alimentaba segmentos de bajo gasto y alto impacto por plaza. Es el caso, por ejemplo, de caravanas y alojamientos improvisados en suelos no aptos, que generaban molestias vecinales y presión sobre servicios sin aportar valor al destino. Cortar esos atajos mejora la convivencia, libera espacio para la demanda de mayor calidad y eleva la competitividad de la oferta que cumple.
En Ibiza hemos elegido una forma de gobernar sencilla de explicar y exigente de cumplir: menos ruido y más resultados. Frente al discurso permanente del problema y culpabilizar al de enfrente, este gobierno ha preferido trabajar, sumar y resolver. El resultado es tangible y lo hemos hecho desde una gobernanza que alinea a las tres administraciones —municipal, insular y autonómica— con el sector económico y los agentes sociales.
Nada de esto habría sido posible sin un instrumento financiero bien orientado que el Govern Balear ha puesto a disposición de Ibiza con más de 4 millones de inversión: el Impuesto de Turismo Sostenible (ITS). En Ibiza, el ITS se destina a lo que debe: proyectos que se ejecutan y dan resultados desde el primer día. El Plan de Choque contra el intrusismo es el mejor ejemplo: integra tecnología, inspección y normativa; conecta al Consell con los cinco ayuntamientos para asegurar capilaridad municipal; y se coordina con el Govern dentro de una estrategia compartida. No son eslóganes: son herramientas que ya ofrecen resultados medibles en retirada de anuncios ilegales, trazabilidad de estancias y mejora de la ocupación en la oferta reglada.
Conviene fijar la idea de fondo: ordenar no es prohibir y menos aún estar constantemente quejándose de lo que no funciona opacando lo que sí funciona como si esto fuera el Infierno al que todo el mundo se obstina en venir o vivir en él, todo sea dicho. Ordenar es garantizar que el turismo funcione con reglas claras, que los barrios mantengan su identidad y que la actividad económica se desarrolle en condiciones justas para todos. La colaboración público-privada implicando a las plataformas en el sector turístico de la isla, el respaldo de ese mismo sector a una política de colaboración y acuerdos y la toma de decisiones basada en datos han permitido limpiar el canal online y devolver el equilibrio al mercado. Donde antes había opacidad, hoy hay seguridad jurídica para el visitante y el residente.
Si algo define al «modelo Ibiza» es, por tanto, la gobernanza. El éxito no se mide solo en cifras, sino en la calidad de los acuerdos y en la capacidad de hacerlos cumplir. La Mesa de Intrusismo ha funcionado como núcleo operativo en el que administraciones, plataformas digitales, patronales, sindicatos y asociaciones sectoriales comparten un cuadro de mando común. De ahí salen decisiones con tres características: capilaridad municipal para actuar a pie de calle, visión insular para ordenar flujos y respaldo autonómico para actualizar el marco normativo y orientar bien la financiación. Ese triángulo virtuoso —municipal, insular y autonómico— es la forma responsable de gobernar una isla finita, con recursos limitados y una comunidad que debe ser priorizada.
Saneado el mercado, corresponde explicar para qué lo hacemos. Todo lo contrario: el turismo en Ibiza —como en buena parte de España— es una historia de éxito que ha modernizado nuestra economía, sostiene miles de empleos y financia servicios que usamos a diario. Proteger ese éxito exige competencia leal, estándares de calidad y aportación fiscal; exige hacer cumplir las leyes, también, respetar el descanso y la identidad de los barrios, evitando la rotación incontrolada y los usos indebidos en edificios concebidos para la vida residencial.
A partir de ahora, entramos en una nueva fase más estimulante y desafiante. Este cambio de enfoque nos permite mirar de frente el verdadero reto: el crecimiento demográfico. Los datos son claros: en menos de una década, la población residente y la actividad económica han crecido con fuerza; la isla funciona cada vez más los 12 meses del año y la presión humana media se distribuye a lo largo del calendario. La consecuencia no es un eslogan, es una agenda: dimensionar vivienda, movilidad, agua y residuos a la población real —residente y estacional— y hacerlo con datos, acuerdo y prioridades claras. Dejemos de culpar ya a los turistas o al sector turístico de las carencias en la gestión de los problemas propios que son compartidos por muchas regiones de España que atraen cada día a más población.
En vivienda, el enfoque es pragmático: proyectos a precio limitado con prioridad para ibicencos con años de residencia, movilización de suelo adecuado y agilidad en los procedimientos. El objetivo es obvio: que los trabajadores esenciales —sanidad, educación, seguridad, hostelería, servicios— puedan desarrollar su proyecto de vida en la isla. La alternativa a no hacer nada es la expulsión de las clases medias.
En movilidad, Ibiza ha dado un paso de liderazgo con la regulación de la afluencia de vehículos en temporada, que coloca la capacidad de carga viaria en el centro. La medida se complementa con la mejora del transporte público que comenzará a implementarse en un par de meses siendo el primer Consell con una nueva contrata de autobuses —más líneas y frecuencias, renovación de flota, digitalización, facilidades para residentes— y con la lucha contra el transporte ilegal mediante tecnología y control en puntos críticos. Tres políticas, un objetivo: menos congestión, más seguridad y una alternativa real al coche privado.
En agua y residuos, el camino es el mismo: inversión útil, cooperación entre instituciones y planificación de largo plazo. Ibiza está reforzando la reutilización de agua, la reducción de su uso y la desalación para dejar de usar perforadas, el almacenamiento y la reducción de pérdidas en red, al tiempo que adapta la logística y las instalaciones de residuos para mejorar la calidad urbana y ambiental. No son debates abstractos; son decisiones con impacto directo en la vida cotidiana y en la percepción del destino.
Los Ayuntamientos juegan un papel esencial en la ejecución de estas políticas y su eficacia. A nivel insular, el Consell ejerce la planificación (PIAT/PTI), la gestión de flujos, la inspección coordinada y los contratos-programa con los ayuntamientos para alinear recursos y objetivos. A nivel autonómico, el Govern orienta la ITS, actualiza el marco normativo —turismo responsable, refuerzo del procedimiento sancionador— y articula políticas horizontales de vivienda, agua y energía. Entre los tres niveles, un Sistema de Inteligencia Turística común nos permite compartir datos, anticipar problemas y ajustar decisiones con transparencia.
En resumen, la gobernanza no es un eslogan para afrontar esta nueva fase: es el método para enfrentar el reto demográfico y proteger lo esencial de Ibiza. El éxito de limpiar la oferta online es solo la prueba de que cuando la isla se organiza en torno a la gobernanza, los resultados llegan. Ahora toca aplicar ese mismo método al gran desafío que tenemos por delante: gestionar el crecimiento para garantizar vivienda asequible, movilidad ordenada, agua y residuos bajo control, y barrios que conserven su identidad. Ibiza no puede culpar al turismo; se gobierna a sí misma con reglas claras, datos y acuerdos. Ese es el compromiso. Lo demás es tratar a los ciudadanos como niños.
Si es PP estimas s'illa de veritat no hagués permès aquest desgavell, es ven sa cultura a Castella i es terrenys a Alemanya, perquè en el fons és des PP sa majoria han estat criats en es franquisme i viuen plegats a Madrid, com en Matutes que si no m equivoc va moure sa seu social de Palladium a Madrid fa poc. En resum, son uns venuts.