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Opinión

«Nene, no ladres»

| Ibiza |

Leo Apocalipsis Cognitivo de Gérald Bonner porque hace una buena recopilación de lo que más o menos piensa la Academia sobre el boom actual de Internet. Básicamente, Bonner recupera las evidencias que indican que hoy el ser humano dispone de más tiempo libre que nunca, como resultado de siglos de avances tecnológicos. Históricamente, la búsqueda de alimentos y de protección ante un entorno hostil era nuestra gran preocupación, la que nos consumía la vida. Mucho más recientemente esa angustiosa búsqueda se hizo indirecta: necesitamos dinero para comprar alimentos, pagar la vivienda o movernos. Ahí aparecen también las (falsas) necesidades creadas por el marketing, en la práctica tan urgentes como las primeras. Porque cuenta la sensación de necesidad, no la verdadera necesidad.

La tecnología sigue cambiando aceleradamente nuestras prioridades vitales: trabajamos mucho menos, disponemos de información tan abundante que nos ahoga, y podemos disfrutar de un tiempo libre que jamás en la vida nos había sobrado. Bonner y la mayor parte de la Academia celebran esos logros que yo no sé si son realmente provechosos porque tengo la impresión de que el ser humano no está nada preparado para vivir sin urgencias vitales. No sólo por el aburrimiento que George Bernanos consideraba uno de los azotes más crueles que somos capaces de padecer sino porque hoy ese tiempo libre prácticamente ya nos lo han robado Internet, las redes sociales y la basura online.

Bonner también explica –o más bien ese es el centro de su análisis– cómo las pantallas han conquistado nuestra atención de forma apabullante. Diríamos que el espacio cerebral que hemos liberado al no necesitar angustiosamente conseguir comida y techo ha sido automáticamente ocupado por las nuevas tecnologías y por todo lo que parecen ofrecernos.

Yo, sin embargo, no quería hablar particularmente de Internet y todo lo que supone, que me preocupa mucho, sino de las cuestiones identitarias que, más allá de casos completamente delicados y fundamentados, se han convertido hoy en una especie de entretenimiento con popularidad creciente.

Violeta Bergonzi, una colombiana muy conocida porque fue una ganadora del reality televisivo MasterChef, ha acaparado la atención de su país al hacer un llamado ante el drama que está afectando a sus dos hijos. Alicia, la niña, una adolescente, se identifica con un conejo y Hernando, su hermano un año mayor, con un perro. «Yo no quería hablar de este tema; para mí, como madre no es fácil, pero ante lo que está pasando quiero abrirles mi corazón y pedirles ayuda». La mujer se muestra desorientada por una situación que no esperaba, para la que es evidente que no estaba preparada y que le desborda.

Los retoños no son monstruitos raros sino que son parte del movimiento ‘therian’, que se ha extendido por las redes sociales y es muy popular entre las clases acomodadas de medio mundo. Se trata de jóvenes que tienen problemas de identidad y que se consideran animales. –Ahora dudo de si es correcto decir que son «problemas de identidad»; tal vez alguien sostenga que yo estoy desubicado porque son situaciones completamente normales–. No se trata sólo de que estas personas se disfracen de animales, sino que se consideran tales. Hernando, el niño de Violeta, muerde a la gente con la que se encuentra, mientras que Alicia preferentemente come zanahorias. Es muy importante diferenciar los ‘therians’ de los ‘furries’, porque estos últimos sí saben que son humanos y únicamente se disfrazan por diversión. Los primeros, en cambio, tienen conductas mucho más profundas porque están convencidos de ser animales. Carne de la psiquiatría.

Para mí, que soy muy bruto, la raíz del problema es que tenemos demasiado cerebro fuera de uso por la ausencia de necesidades urgentes que nos obliguen a ocuparlo. Pero eso es sólo una opinión sin sustento que no haría pública bajo ningún concepto. Es una deformación ideológica muy influida por haber visto las caras de estupor de algunos sufridos trabajadores de África o Latinoamérica al escuchar las preocupaciones identitarias de los ricos europeos. Olvídese de lo anterior. Siempre negaré haberlo dicho.

Nos hemos de quedar con lo que sostienen los especialistas en estas cosas: estamos ante un tema identitario serio, perfectamente legítimo, que probablemente requiera de estudios que determinen qué hacer. Ya verán que pronto habrá especialistas en estos dramas. Y aparecerán los políticos que legislen soluciones integradoras y todo eso que hacemos hoy para que nadie se pueda sentir excluido o marginado.

Hasta tal vez nos vendría bien un ministerio ad hoc. Al tiempo.

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