Hay una realidad que es indiscutible, más de siete años ha necesitado el equipo de gobierno de derechas para tramitar y adjudicar definitivamente una nueva contrata de concesión para el transporte público por carretera en Eivissa. Esa cantidad de años ya dice mucho sobre la capacidad administrativa y de gestión que en ese campo se ha tenido desde el gobierno insular, eternizándose los trámites necesarios para poner en funcionamiento el supuesto nuevo modelo de servicio público de transporte.
Tampoco se puede decir nada a favor de los trabajos realizados por el anterior gobierno insular progresista, quienes estuvieron al frente de la entidad insular entre 2015 y 2019 y eran de sobras conocedores de que el contrato de concesión vigente en esos momentos vencía en 2018 y, poco o nada se hizo en cuanto a lo que iba a hacer falta una vez tuviera lugar ese vencimiento.
Después de la colección de errores en la gestión y de la escasa pericia demostrada por unos y otros a la hora de poder tener un transporte público insular digno para residentes y turistas, transcurrida la barbaridad de años de trámites antes citada; después de innumerables anuncios de todo tipo en los diversos medios de comunicación de la isla, en los que se anunciaba el espectacular cambio que la movilidad insular iba a vivir y los alucinantes cambios que los usuarios del transporte público en la isla iban a poder experimentar, afirmando que ello iba a suponer una autentica revolución que iba a permitir dejar aparcados los coches particulares, ya que el nuevo servicio de autobuses cubriría todas las necesidades a la hora de desplazarse por la isla; el pasado 1 de abril se puso en marcha definitivamente el nuevo y revolucionario nuevo modelo de transporte público por carretera.
Que la inauguración fue un auténtico desastre y un caos absoluto, quedó claro y así lo reflejaron todos los medios de comunicación. Que desde la máxima institución insular ya se había advertido que la implantación del nuevo sistema sería progresiva durante unos diez meses desde su inicio, también estaba claro. Con todo ello, hay que señalar que el hecho de intentar poner la tirita antes de que se produzca la herida, no sirvió para evitar que la mayor parte de lo anunciado se quedara en agua de borrajas, es decir que la puesta en funcionamiento de la nueva concesión resultó francamente decepcionante a pesar de las altísimas expectativas creadas.
El incremento de líneas y frecuencias, que junto a numerosas innovaciones tecnológicas anunciadas fue lo más destacable durante muchos meses previos al inicio del nuevo servicio, no salió en absoluto como se nos había vendido. No se trataba tan solo de incrementar las líneas, también se suprimieron y modificaron algunas de ellas. Buena parte del problema surge cuando todas las modificaciones anunciadas no se han hecho llegar debidamente y con la antelación suficiente al colectivo de usuarios.
Tampoco ha ayudado que en cuanto a los horarios de salida de los autobuses, estos se hayan incumplido en diversas ocasiones y, no se trato de un error o incidencia puntual del primer día, ya que una semana más tarde volvía a faltar el autobús correspondiente en alguna hora de salida programada.
Resulta paradójico que cuando se han anunciado más frecuencias, más líneas y más autobuses, haya colectivos de usuarios en determinados puntos de la isla, que protesten y reclamen por haberles dejado tirados y sin posibilidad de poder cumplir con sus compromisos, médicos, laborales y sociales de todo tipo. Se supone que los cambios iban a ser para mejorar el servicio y no para que este empeorara. A todo lo relatado hasta ahora, hay que añadir la circunstancia no menos negativa de que a buena parte de las innovaciones tecnológicas les cueste entrar en funcionamiento. Aceptemos que alguna de ellas puedan surgir sobre la marcha y por tanto pueda haber algún error imprevisible, pero hay otros que sí se hubieran podido evitar fácilmente.
En el Cetis las pantallas informativas siguen sin funcionar, el wifi no llega a la planta sótano de la estación central. Desde los responsables del transporte público, dicen ahora que van a tener que hacer lo necesario para que dicho servicio pueda llegar también a la plataforma inferior del Cetis. ¿En serio? ¿No se sabía antes del 1 de abril que eso había que solventarlo? Eso no es en ningún caso una incidencia puntual, es una gestión pública tercermundista por parte del Consell Insular.
La manifiesta incapacidad para tener lo esencial preparado para el día de la puesta en servicio de la nueva contrata, queda reflejado en algo muy sencillo de solucionar y que no requería de ningún tipo de sofisticación técnica. La cartelería informativa en unas paradas ya de por sí en mal estado, sigue siendo la de la empresa anterior. ¿Nadie se pudo preocupar de que desde el primer día esa información fuera la actual?
Desidia, desgana y poca atención es lo que reciben los usuarios, disgustados y frustrados por no notar ni tan siquiera los cambios mínimos que merecen y se les habían prometido.