La derrota de Víctor Orbán en Hungría supone un gran alivio para miles de ciudadanos europeos, hartos de ver a este edecán de Vladimir Putin actuar como un auténtico caballo de Troya en Bruselas. Durante 16 años, el exprimer ministro húngaro ha encarnado un modelo de poder iliberal, basado en la erosión de los contrapesos institucionales, el control de los medios de comunicación y una concepción excluyente de la democracia. Su caída es un brutal correctivo interno, un refuerzo de las posiciones europeístas y, por qué no decirlo, un mensaje claro al conjunto de la Unión Europea. Los proyectos autoritarios, por más que se disfracen de legitimidad electoral, tienen límites. Orbán había tejido alianzas con otros líderes y movimientos que comparten una agenda de debilitamiento institucional, en ocasiones alineados con los intereses geopolíticos de Moscú o con el discurso polarizador de Donald Trump. Resulta especialmente llamativo el respaldo explícito que Vox brindó al dirigente húngaro. La presencia de representantes de Vox, liderados por Santiago Abascal, en Budapest el pasado mes de marzo, durante el congreso de Patriotas por Europa, apoyando al gran derrotado en las elecciones legislativas del domingo, debería darles qué pensar, aunque no es previsible que lo hagan por falta de costumbre. La portavoz de Vox en el Parlament calificó el resultado de los comicios como «una derrota de Orbán y, por supuesto, una derrota para los ciudadanos de este país». ¿Cree Manuela Cañadas que los ciudadanos húngaros son tan torpes de infligirse a sí mismos una derrota echando a Orbán? No nos centremos demasiado en declaraciones sin sentido hechas por alguien que probablemente no sepa situar Hungría en el mapa. La derrota de Orbán es, en definitiva, una victoria de la democracia liberal frente a quienes aspiran a vaciarla desde dentro. Europa respira. Y algunos deberían tomar nota.
Opinión
Hungría respira
Joan Miquel Perpinyà | Ibiza |
"Los proyectos autoritarios, por más que se disfracen de legitimidad electoral, tienen límites". I tant, basti recordar que en Hitler arribà an es poder amb unes eleccions