En cualquier guerra, la propaganda es tan importante como el frente, asunto puesto en marcha por Julio César, que habría sido el primero en contar día a día sus campañas para presumir en Roma. En el conflicto desatado por Estados Unidos e Israel contra Irán, también y con un resultado sorprendente. No se entrará aquí en lo militar o en lo geopolítico, pero sí en un llamativo resultado en un frente insospechado. Lo mismo que a la hora de bombardear, los persas han sorprendido por su capacidad para emplear armamento barato también algo así ha pasado en las redes. A la hora de hacer historias y ponerlas en imágenes en movimiento, Estados Unidos ha sido incontestable desde que se inventó el cine. Es así. Durante más de un siglo su relato ha llegado claro en cada conflicto bélico. Si no, de qué íbamos a saber quienes eran los Charlys. Los sorprendente de estas semanas ha sido que Irán ha contestado con dignidad a los vídeos oficiales americanos, con alguna ocurrencia bastante atinado como montajes de con personajes de Lego. Una selección para el exterior sin clérigos vociferando y, por supuesto, nada de periodistas internacionales en el terreno, por si acaso. Todo gracias al uso de inteligencia artificial como herramienta, lo mismo que se ha usado en el campo de batalla para seleccionar blancos, en la propaganda se ha empleado para generar contenidos a todo trapo. A los yankis se les ha atragantado el invento. Además de vídeos de dudoso gusto sobre bombardear, bombardear y arrasar, la IA ha llevado a su líder a su mayor problema político en tiempo: la imagen en que Trump aparece como Jesucristo sanando a un enfermo. Solo con ella consiguió enfadar a más compatriotas suyos que con la subida de los combustibles. La tecnología iguala la producción pero, por ahora, no arregla malas ideas.
Opinión
La guerra de la IA
Víctor Malagón | Ibiza |