Hay una frase que casi todos hemos verbalizado en algún momento, es aquello de «nada es lo que parece». Esta frase es aplicable a muchas circunstancias y situaciones de la vida diaria en general, pero si la aplicamos directamente al mundo de la política, es entonces cuando adquiere un mayor sentido de realidad en su significado y cuando, para una gran mayoría, pasa a tener tintes que me atrevería a calificar como grotescos.
A diario podemos ver que es habitual en política cambiar radicalmente de opinión en función de los intereses particulares del partido de turno, sin importar lo más mínimo si lo que se defendía antes resulta contradictorio con lo que se defiende hoy. No existe el menor reparo en utilizar estos cambios repentinos e incomprensibles de opinión, si con ello consideran que pueden estar perjudicando al rival político de turno. Da igual hacer el ridículo defendiendo hoy blanco y mañana negro sobre un mismo tema.
El motivo principal por el que suele ocurrir tal cosa, aparte de perjudicar al rival, no es otro que defender algo de boquilla y hacer todo lo contrario a lo anunciado, a la hora de actuar. En Baleares tal circunstancia está a la orden del día y resulta especialmente dolorosa, si la circunscribimos a nuestra isla en particular. Si dejamos a un lado el problema del acceso a una vivienda, que sin duda es el más doloroso, otra cuestión de suma importancia es la saturación turística durante la temporada de verano y las nefastas consecuencias que la misma tiene para todos.
Que la isla reciba miles y miles de turistas por encima de las plazas hoteleras legalmente autorizadas, supone agravar la crisis habitacional, supone que la saturación de la red viaria insular sea una constante, supone exceso en la ocupación de determinados puntos de la isla, supone un consumo de un bien tan preciado y necesario como el agua, muy por encima de lo debido y, por supuesto, también un constante incremento de las infraestructuras que se consideran necesarias para atender esas avalanchas de visitantes. Y una de estas infraestructuras cuyo tamaño va aumentando año tras año es nuestro aeropuerto, por el que pasan cada año algo más de 9 millones de pasajeros.
Estos últimos días se ha conocido la intención del ente público AENA de proceder a obras de ampliación de nuestra instalación aeroportuaria, por un montante global de 230 millones de euros. Dicho proyecto, supondría duplicar el actual número de puertas de embarque, así como la instalación de un mayor número de mostradores de facturación que se sumarian a los existentes actualmente, siendo estas solo dos ampliaciones de las muchas prevista ejecutar en el citado proyecto. Si con los 9 millones de pasajeros actuales la saturación de la isla durante la temporada estival es más que evidente, ¿qué necesidad hay de acometer obras de ampliación para seguir batiendo récords de visitantes?
Desde la derecha se habla de la necesidad de controlar el número de turistas que visitan nuestras islas aplicando para ello básicamente criterios de sostenibilidad. Pero en realidad poco o nada se está haciendo para evitar que la saturación deje de ser una realidad. Por tanto si dicha saturación está reconocida a día de hoy, qué necesidad hay de seguir persiguiendo superar cada año el número de turistas del ejercicio anterior. La sostenibilidad tan solo aparece en los anuncios y ruedas de prensa, pero está ausente de las medidas que realmente se aprueban para controlar la saturación.
Por parte de la izquierda, cabe señalar que su forma de proceder resulta contradictoria. En Baleares y en nuestra isla en particular se critica, y con razón, la falta de medidas necesarias para combatir el exceso de turistas. Pero por otro lado y desde Madrid, la misma izquierda prepara propuestas para facilitar el aumento en la llegada de esos turistas. No debemos olvidar que el ente público AENA es responsabilidad directa del actual gobierno progresista, encabezado por el Partido Socialista. Que desde este partido se defienda una cosa aquí y se haga lo contrario en Madrid es preocupante y absolutamente incongruente.
Nuestro aeropuerto tiene múltiples problemas que resolver, pero no habría que confundir la necesidad de modernizar y mejorar las instalaciones actuales para atender mejor al actual número de pasajeros con perseguir un aumento constante de estos vía una ampliación desproporcionada de las instalaciones. El acceso al recinto aeroportuario sigue siendo caótico y sigue sin resolverse, por citar algo que es manifiestamente mejorable y que por lo visto está muy por encima de las capacidades de la actual directora, quien parece preocuparse únicamente de mejorar la cuenta de ingresos.
Como se puede comprobar fácilmente, unos y otros tienen muy poco interés en velar por el futuro de nuestra isla, demostrando más dedicación a la mejora de la cuenta de resultados, que a la preservación de la sostenibilidad de nuestro territorio. Eivissa no puede ser solo una caja registradora para la obtención de beneficios, ha de ser una isla de la que en el futuro puedan seguir disfrutando tanto residentes como turistas.