Ibiza celebró este fin de semana el evento de mayor nivel que hay en la isla. No es el que cuenta con más participantes ni el que más público atrae, pero la calidad del Meeting Toni Bonet está fuera de toda duda. Ninguna competición ibicenca reúne deportistas de ese calibre. Olímpicos y mundialistas, atletas con medallas internacionales que convierten la pista de atletismo Sánchez y Vivancos en un escaparate de primer nivel. Un regalo para los amantes del deporte.
Permítame aquí el uso de la primera persona en este artículo de opinión, porque me apetece detenerme en el carácter de este tipo de deportistas, que en su mayoría destacan por su humildad. Llevo ocho años en la isla y algunos más dedicado al periodismo deportivo, y no me equivoco si digo que el atletismo es un mundo diferente.
Uno está cansado de ver a futbolistas amateurs que, por jugar un domingo, se creen profesionales. De otros que, sin estar ni cerca de la élite, levantan barreras casi imposibles cuando intentas hablar con ellos. Luego están los que también estarán este verano en Ibiza moviéndose entre yates, restaurantes y discotecas. Evidentemente hay excepciones, pero en el fútbol son eso, excepciones.
En el atletismo ocurre justo lo contrario: los raros son los que no son humildes.
Quiero personalizar esa humildad en Blanca Hervás. Uno de los nombres más en forma del atletismo español, convertida en estrella por sus medallas en el relevo 4x400 y su crecimiento en una distancia en la que España apenas tenía presencia.
Blanca llegó a Ibiza como una de las grandes figuras del meeting. El viernes ya estaba en la isla, después de haber pasado el jueves por el programa ‘La Revuelta’ de David Broncano. El sábado compitió y ganó con solvencia, dando aún más brillo al evento.
Y entonces llegó el momento que mejor la define. Mientras se recuperaba tras la prueba, me acerqué para pedirle una entrevista, prácticamente un robado a pie de pista. En ese mismo instante, llegó una niña que le pidió un autógrafo. Blanca me miró, le dije que no tenía prisa, que la atendiera primero. Y ya no fue solo una niña, fueron muchas. También los niños. Durante unos quince minutos no dejó de firmar dorsales y hacerse fotos, siempre con una sonrisa y palabras agradables.
Cuando por fin pudo atenderme, le comenté: «menudo baño de masas». Sonrió y con emoción respondió: «No puedo dejarme a ninguno, sé lo importante que es para ellos. La ilusión que les hace. Yo también fui esa niña».
A Blanca, y a atletas como ella, todo lo bueno que les pase será merecido. En el deporte hace falta más gente como ella. Que siga brillando y que no deje de ser esa niña.