Durante la pasada legislatura uno de los mayores esfuerzos que realizaba el PSOE en esta isla era el de hacer capturas de pantalla de mis noticias para publicarlas en sus redes sociales con un texto en rojo bien grande que decía «fake» o «fals», en función de cómo soplara el viento lingüístico. Absolutamente todo lo firmado por mí era para esta gente «fango». Sus cibervoluntarios se ponían las botas insultándome en los comentarios de las mismas noticias. Daba igual si escribía de Ruiz, de Isidor Macabich, de Armengol o de patología dual. Allí aparecían ellos raudos y veloces para dejar constancia de su capacidad intelectual.
Con la que está cayendo a nivel nacional, admito que yo estoy disfrutando a lo grande. No van a ganar para sellos de fake y fals como esto siga así. Si algo le está quedando claro al español medio es que la corrupción en este país es estructural. Un hecho que muy pocos llevamos años denunciando.
Nuestra aportación al business socialista, por otro lado, es Francina, que ayer no dudó en cortar el debate en el Congreso con un simulacro de incendio para evitar que la oposición, es decir, PP y VOX, hablaran del enésimo registro en la sede de Ferraz y de las joyas de Zapatero. Joyas que, por cierto, demuestran un gusto horrorosísimo. Que la presidenta de la Cámara Baja y aspirante a volver a jodernos la vida en las Islas actúe de ese modo da una idea del pánico enloquecido que se ha instalado en el partido. Y pocas cosas hay más peligrosas que un mediocre con miedo y con poder.
Armengol ha tenido hasta ahora la baraka que le adjudicaban a Zapatero. Ha sorteado el caso Puertos y, de momento, el de las mascarillas. Ella, que dejó de hacerle retuits a Ruiz en cuanto lo imputaron. Él, que debe ser el único socialista de España imputado por bobo y no por corrupto.
El panorama es desolador. Pero, miren, el espectáculo es hasta terapéutico.