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Remontar desde la grada

| Ibiza |

Con mucha razón dicen que en los deportes de equipo no hay alegría más grande que la de un ascenso. Por encima de los títulos y las copas, subir de categoría se disfruta el doble. Es el triunfo de los humildes. Por tercer año consecutivo, el Bàsquet Sant Antoni está a las puertas de la gloria. Por tercer año consecutivo, hay que remontar una eliminatoria que parece imposible, cierto, pero ahí está la clave. La remontada sólo parece imposible, pero no lo es. La remontada no la tenemos que esperar: hay que provocarla desde la grada. Para conseguirla sólo hay que tener fe en los milagros del deporte. Quien no crea que se quede en casa. No será un encuentro para ver sentado, tenemos que ponernos de pie desde el salto inicial. Nadie se tiene que ir del pabellón con la sensación de que podría haber animado más. No todos los partidos son iguales: este marcará nuestra historia. Lo recordaremos cuando, años después, recordemos la sonrisa de nuestros hijos aquel 30 de mayo de 2026.

Después de lo que ocurrió en Sevilla, cuando nos visite el Caja 87 este sábado no hay que dudar. Toca vaciarse. Ellos llevan 19 puntos de ventaja, nosotros tenemos hambre de ascenso. Ahí está todo. Las horas, los esfuerzos, la pasión que se han invertido en sacar adelante el trabajo en equipo (dentro y fuera de la pista) que implica el día a día de este club merecen que nos dejemos la piel. Durante cuarenta minutos, los cinco jugadores que estén en la cancha van a hacerlo. Pero durante esos mismos cuarenta minutos (y las horas previas al salto inicial), todos los aficionados que subamos a Can Coix tenemos que hacer lo mismo. Hay que llenar el Siroko Sa Pedrera. Hay que convertirlo en un infierno alegre. Tiene que haber ruido, tiene que haber música, tienen que sonar los tambores y las castanyoles, tenemos que silbar, ondear las banderas, gritar el nombre de nuestro equipo. Entre grandes y pequeños debemos crear un ambiente que lleve al Bàsquet Sant Antoni en volandas. Una presión que anule al rival. El pánico escénico debe ser el sexto hombre. Podemos hacerlo. Lo hemos hecho otras veces. Once de las victorias de esta temporada llegaron por más de veinte puntos. Adelante con la duodécima.

El objetivo del sábado no es otro que multiplicar por diez, por cien, por mil la fiesta del deporte que somos capaces de organizar sempre que jugam a ca nostra. Un ejemplo de movilización social con pocos precedentes en nuestra isla. Desde Sant Antoni, el Class se ha convertido en un emblema para toda Ibiza. Esa unión, labrada con paciencia durante casi diez años, debe ser un estímulo para que lo que parece imposible no lo sea. Basta irnos al final del primer cuarto ganando de ocho y al descanso, ganando de quince. Las tornas girarán y, como hemos visto tantas veces en el baloncesto, tendremos en nuestra mano el ascenso que tanto merece nuestro club. El ascenso que marcará un antes y un después en el deporte ibicenco. Dejémonos la piel para conseguirlo.

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