Habrá milagros, se hará un exorcismo contra tanto cainismo celtibérico, se enunciarán fórmulas de las matemáticas esferas pitagóricas? La visita del Papa León XIV crea enorme expectación, ilusión y abrazo terrenal y cósmico, Pontifex Maximus, Hacedor de Puentes, ¡bienvenido seas!
También están los papanatas criticones a un faro de esperanza para millones de personas, nacionalistas que no entienden el universal mensaje del Amor si no es en un dialecto determinado del latín; aburridos ateos que siempre están hablando de Dios negándose a sí mismos; y los que huyen de un fervor que les enerva, como el ingenuo que teme caer bajo el influjo de lo mágico, porque no quieren comprender que la vida es eterno milagro, panta rei, zambullida espiritual que no es un misterio a resolver sino realidad a experimentar. Tat tvam asi, iovis Omnia plena, Sat-Cit-Ananda, el Espíritu Santo está contigo, pero tantos hombres no saben verlo…
La visita del Papa a España alegra inmensamente, tan hispano con su acento limeño y flor de la canela. En un momento crítico político, cuando un presidente putrefacto que recuerda al pelmazo Nerón aunque no sepa tocar la lira, a quien los ministros lacayos denominan «su puto amo», que irresponsablemente pretende desenterrar el hacha de guerra para mantenerse en el poder, incendiar la concordia de una generosa Transición y levantar un peligroso muro entre españoles, la visita de León XIV trae ciertos aires gozosos y fraternales que son muy necesarios, así como una alegría fundamental, pues siempre impresiona la fuerza que el espíritu otorga al cuerpo por cansado que esté. Rosa mística y flor de la canela.