Cada verano la maravillosa estampa que nos ofrece (ahora sin grúas) el Puerto de Ibiza queda empañada por los mastodónticos cruceros que estropean la postal. La muchedumbre colapsa durante pocas horas una ciudad frágil que contempla el paso acompasado de sus chanclas con calcetines blancos, dispuestos a inundar las calles de Dalt Vila pero reacios a sacar la billetera. El único beneficiario de los cruceristas sigue siendo la Autoridad Portuaria, más pendiente de sus arcas que de tener una infraestructura portuaria integrada en la ciudad. Esta semana hasta cuatro han sido los cruceros que hemos tenido al unísono, colapsando el servicio de taxi, generando largas colas a la tórrida solana de esta canícula anticipada y demostrando que ni estamos preparados para acogerlos ni nos conviene. Las externalidades que generan son inversamente proporcionales a los beneficios que arrojan.
Así lo atestiguan los comerciantes que los ven pasar de largo. Incluso los propios cruceristas son los mismos que reconocen a preguntas de periodistas que «prefieren comer en un McDonalds» antes que sentarse a gastar. Este es el perfil medio del crucerista que dejamos venir: un día de caos total, sacrificando los magullados servicios que ya ofrece una ciudad saturada per se, a cambio de unas tristes monedas para un helado o un souvenir. O turismo de low cost o turismo de calidad. No se puede estar en misa y repicando. O abrazamos la contención con un modelo turístico que reduzca las externalidades de la masificación o nos echamos en brazos del primer MSC que llegue cargado de alemanes con la pancarta de «Bienvenido Mr. Marshall». La mallorquina APB precisa seguir engordando su recaudación a costa de la calidad de vida de los vileros. ¿Cuánto tiempo más haremos caso omiso?
Ese artículo es cómodo políticamente, pero falso y profundamente demagógico, porque carga toda la culpa en la Autoridad Portuaria y borra del mapa al Consell y a los alcaldes, que conocen, consienten y legitiman el aumento del 25% de cruceros.[eldiario +1] El periodista dispara contra la APB y ni menciona que el Consell y los ayuntamientos tienen representación en sus órganos, se reúnen con su presidencia y solo han puesto límites cosméticos de horarios y coincidencias, mientras permiten días con cuatro cruceros y un crecimiento constante de escalas.[cadenaser +2] Si Ibiza bate récords de cruceristas y sigue creciendo, no es solo porque la Autoridad Portuaria los programa, sino porque las instituciones insulares aceptan ese modelo y no han impulsado ninguna reducción real de capacidad; presentarles como víctimas sin poder no es periodismo crítico, es propaganda que evita que nadie asuma responsabilidad política por el colapso que vive la ciudad.