Cientos de imputados se balanceaban sobre la tela de una araña. Como veían que no se caían, fueron a llamar a otro imputado. ¡Toma nísperos democráticos y cien años de honradez! La vida es un carnaval y el que no llora no mama y el que no afana es un gil. Por supuesto que hay que saber mentir para trepar al banano público de la política, pero cuánto más alto trepan, antes muestran el culo pelado.
Especialmente los supremos hipócritas que tratan de dictarnos cómo vivir, pensar, hablar, encamarnos... Alumbrados que predican como cristo pero viven como dios. La austeridad zapatera-sanchista-socialista es un cuento chino, su muro una granja orwelliana, su corrección política un travestismo de censura, su pomposidad, simple incapacidad. Las joyas millonarias de la vedette internacional zapaterova, la tan igualitaria escuela británica de las niñas (¿qué son cuarenta mil libras anuales para los herederos de la sauna? Migajas educativas de la captadora catedrática), el fabuloso y súbito incremento de patrimonio de cualquier gañan que entra en política con patente de corso para Hacienda, etcétera.
Deberían haber dimitido cien veces, pues la banda del Peugeot siempre ha sido aspirante al Lamborguini y entraron a saco en la cosa pública gracias a sus vídeos y relaciones púbicas. Pero el «puto amo» tiene el apoyo de sus lacayos y de unos partidos que proyectan fracturar España.
La esperpéntica situación actual, con tal felón máster en tragaderas agarrándose al poder, es fruto de la miopía de los gobiernos anteriores y la falta clamorosa de estadistas que vean más allá de cuatro años. España tiene tantos quesos como Francia y muchos más políticos cainitas, así que habría que hacer una segunda vuelta electoral.